El que naco es...

Todos, sin excepción, en algún momento hemos actuado como nacos

Un buen naco tiene comportamientos muy específicos, un naco puede transportarse en burro o en Mercedes, incluso pertenecer a la realeza. El naco no tiene respeto por el otro porque vive en un pequeño y reducido mundo en el que él es invencible. El naco ejemplar tira basura en la calle mientras regurgita una flema que escupe casi en nuestros zapatos. El buen naco te mienta la madre si él se pasa el semáforo en rojo y si se te lleva un espejo por lo menos intenta aplicar la huida. El naco maestro es aquel que se cuela en una fila y se hace el que la virgen le habla, el que se pega del claxon como si el mundo se estuviera acabando, el que siendo un cadenero de antro se atreve a discriminar a alguien por su color de piel. Naco es el que quiere comprar justicia con dinero, naco es el que lava su coche con manguera y el que golpea a un animal.

Naco será un término que nos inventamos en México, pero los nacos están alrededor del mundo; gobernantes, presidentes, gente de la más alta sociedad que se atreven a decirles nacos a los de las clases bajas sin saber que el naco no tiene estrato social. Naco es el que se luce siendo naco, o sea, es orgulloso de su naquez, como el que baja la ventana del coche y se atreve a tirar una botella de cristal o la colilla de un cigarro. Todos tenemos algo de naco, todos, sin excepción de ninguno, en algún momento de la vida hemos actuado como nacos, pero lo importante es disminuir en lo posible estos destellos de naquez porque, si no, se van volviendo hábito y cuando menos uno se da cuenta ya es un naco hecho y derecho.

Naco es el ventajoso, el que te engaña con alevosía; naquísimo es el que te da el arrimón en el Metro y peor de naco el que anda manoseando mujeres en una multitud. Naco es el que te saca la cartera, el que compra piratería no por necesidad sino por ahorrarse un varito. Naco es el que pone a sus guarros a manejar como si fueran los dueños de las calles, y naquísima es la señora que, en doble fila, se toma su tiempo para bajar a sus hijitos a la escuela mientras el mundo enloquece detrás.

Lo peor del naco es el cinismo, como aquellos gobernantes que se ufanan de sus nacadas y llevan dignamente apodos como el diputable o abogánster. Es por eso que no nos podemos despistar, pues cualquiera puede ser naco y juntarse con un naco no deja nada bueno. El naco confunde con su apariencia de diversas maneras pero el que naco es... aunque se vista de seda.

El buen naco se va perfeccionando con el tiempo y según el poderómetro es hasta donde se extiende su naquez, el que abusa de su poder es naco, naco irrefutable, naco de pura cepa.

Naco no es el que se viste extravagante, ni el que carece de lujos y recursos, naco no es el que tiene la piel oscura ni el que tiene cierto estrato social. Por las calles caminan nacas portando bolsas Luois Vuitton y otras jalando carritos de mercado, la naquez es un accesorio que cualquiera se puede colgar, de hecho el camino de la naquez es el más tentador pues es egocéntrico, valemadrista y chinga quedito.

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