Nuestros miedos

El bienestar nace cuando superamos nuestros miedos

Rafael Álvarez Cordero

Rafael Álvarez Cordero

Viejo, mi querido viejo

Al llegar a estas edades, mi querido viejo, todos tenemos miedos, así, en plural. Miedos a muchas cosas que antes no teníamos; esto es importante, pero vale la pena reflexionar que en toda nuestra vida hemos tenido miedos que debimos superar: cuando éramos niños tal vez tuvimos miedo a la oscuridad o a las arañas, de jóvenes tuvimos miedo en nuestro primer amor, en el primer beso, qué se yo; luego tuvimos que superar el miedo a fracasar en los estudios o en el nuevo empleo, miedo a decidir si uníamos nuestras vidas con esa compañera o compañero que parecía enviado desde el cielo; miedos a emprender un nuevo negocio, a cambiar de chamba, miedos, muchos miedos que poco a poco fuimos superando, y… aquí estamos con nuestros miedos de viejos.

¿De qué tenemos miedo? Tenemos miedo del deterioro de nuestro cuerpo, de que ese cuerpo que un día fue vigoroso ahora parece frágil, que ese corazón que nos permitía correr maratones y subir montañas se cansa con poco esfuerzo, que las piernas ya no nos responden, que tal vez la digestión no es la mejor, que no podemos dormir o que con insomnio nos levantamos a medias de la noche, miedos, miedos, miedos.

Junto con esos, tenemos miedo de la decrepitud, de ser dependientes de los demás, de ser incapaces de valernos por nosotros mismos, de ser una carga para nuestra familia, de que nuestra vida sea cada vez más limitada, tal vez inservible.

Tenemos otros miedos de los que hablaremos próximamente, pero respecto a éste, mi querido viejo, te tengo buenas noticias; la tradición dice que “de cuarenta para arriba no te mojes la barriga” y nos prohíbe movernos, hacer ejercicio, “mover el esqueleto”; eso es falso y no lo vamos a aceptar.

Y claro, puedes tener un callo, puedes no oír bien, puedes tener miopía, tal vez duela la espalda, pero estás aquí, y hoy la ciencia ha demostrado que la capacidad de regeneración del cuerpo humano es mucho mayor de la que se pensaba, sobre todo para los viejos como nosotros; un experimento en la Universidad de Tufts mostró que un grupo de ancianos de más de 85 años, que no podían moverse ni bañarse ni comer por sí mismos, después de sólo diez semanas de ejercicio físico progresivo, se volvieron independientes, libres, pudieron realizar sus actividades diarias sin ayuda y sin problema.

Tal vez tus huesos duelan y tus músculos estén  un poco atrofiados, pero si los mueves y comienzas a caminar un poco, luego un poco más, verás que esos huesos que pensabas eran inútiles no son tanto, y que los músculos comienzan a fortalecerse poco a poco; cierto, nunca llegarás a tener la fuerza y el vigor de tus años 40, pero está demostrado que unas semanas de actividad física progresiva, con caminata, ejercicios de brazos y piernas, y sobre todo con optimismo, harán que muchas de tus limitaciones desaparezcan, que puedas moverte con más libertad y logres vivir plenamente.

Sí, es cierto, los viejos podemos superar nuestros miedos; seguiremos conversando este tema; ser viejos saludables es nuestro derecho y disfrutar estos años es nuestro privilegio.

Médico y escritor

raalvare2009@hotmail.com

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