Jesucristo Superstar

Sólo con abrir sus cuentas de Facebook y Twitter podría hacerse de miles de seguidores de la noche a la mañana.

Vianey Esquinca

Vianey Esquinca

La inmaculada percepción

Los mexicanos son expertos en vía crucis. Todos los días se enfrentan a uno nuevo, cuando no es la inseguridad, es el tráfico, la lluvia, las peleas entre partidos políticos o el incremento de precios. Tomando en cuenta este conocimiento práctico, sería fácil imaginar como sería la vida y la Pasión de Cristo en nuestros días.

Entre las cosas positivas están que no tendría que recorrer grandes distancias para ir evangelizando y ganando adeptos. Sólo con abrir su cuenta de Facebook y Twitter podría hacerse de miles de seguidores de la noche a la mañana. Como sería carismático e inteligente seguramente los programas de radio y televisión de la mañana lo invitarían para que diera consejos a las amas de casa de cómo multiplicar los panes y los programas para jóvenes lo llamarían también para que les enseñara a convertir el agua en vino. Los políticos le pedirían consejos para retirar a los vendedores ambulantes y para resucitar a los políticos caídos en desgracia.

Por sus pensamientos, Jesús sería considerado un socialista, un pensador de izquierda por lo que seguramente además de que le ofrecerían que diera clases de filosofía en la UAM o en la UNAM, el PRD trataría de afiliarlo. Sin embargo, esta relación no duraría mucho porque seguramente algunos perredistas dirían que la Semana Santa estaría mejor con López Obrador. Además cuando Jesucristo tratará de elegir a aquél discípulo en el que erigiría su iglesia, lo acusarían de tratar de aplicar la técnica del “dedazo” al más viejo estilo priista. 

La elección de los discípulos también sería una tarea complicada, porque a la hora de elegirlos diciéndoles que dejaran todo y lo siguieran, le iban a preguntar qué les daría a cambio, si les aseguraba un cargo de elección popular o por lo menos un puesto en la administración pública. Además el Instituto de la Mujer lo acusaría de no cumplir la cuota de género y estaría exigiendo que se incluyeran por lo menos la misma cantidad de mujeres. Por si eso no fuera suficiente, Jesús también tendría que cuidarse de que el narcotráfico no se infiltrara entre los apóstoles.

El miércoles de ceniza iba a estar cubierto porque ya hay suficientes cenizas gracias a los incendios en Coahuila. El problema sin embargo sería encontrar la materia prima para el domingo de Ramos, ya que estos mismos siniestros han acabado con la vegetación y los ramos andan escasos. Las maracas y los mariachis siempre serían una buena alternativa.

Definitivamente, toda la pasión y muerte de Cristo no se podría hacer en una semana, seguramente pasarían años antes de que fuera procesado, primero porque las autoridades tendrían que ponerse de acuerdo si los delitos que cometió son del fuero federal o local, y luego vendría el juicio, donde tendría que enfrentarse a los jueces, que al más puro estilo de Poncio Pilatos se lavarían las manos sobre si es su competencia o no.

La tortura que le suministraría la policía por supuesto no serían latigazos, eso ya está pasado de moda. Lo cambiarían por tehuacanazos o toques, o incluso algún levantón. Aunque es probable que intervinira la Comisión Nacional de Derechos Humanos y algunas organizaciones sociales exigiendo que se respeten los derechos.

Sabiendo sin embargo, que tiene que cumplir una tarea para salvar a la humanidad, Jesús pediría que lo dejaran llevar la cruz.

Inmediatamente alguna televisora le ofrecería derechos de transmisión de su pasión. Habría reventa de lugares VIP para poder ver de cerca todo el recorrido y vendedores ambulantes en cada esquina vendiendo no sólo aguas y tortas, sin también recuerditos del momento: “lleve su cruz, llévela” “Le vendemos el paño original con que fue secado Jesús”. El lugar de la crucifixión sería Ciudad Juárez donde ya está puesto el escenario con cientos de cruces.

Por supuesto, todos los gobiernos iban a tratar de capitalizar el momento. Seguramente el jefe de Gobierno, Marcelo Ebrard le querría entregar la llave de la ciudad y el presidente Felipe Calderón lo invitaría a Los Pinos para intercambiar túnicas.

Afortunadamente, la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo sólo se representa en Iztapalapa.

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