Juan Vargas moderno

Sólo esperemos que Vargas moderno no considere a los vecinos de la colonia Del Valle como el nuevo Filemón

¿Recuerdan la película en la que el actor Damián Alcázar interpretaba el personaje de Juan Vargas, un funcionario de gobierno, encargado de un basurero, que de la nada es designado alcalde de San Pedro de los Saguaros? Vargas llega con las mejores intenciones, pero poco a poco se convierte en un verdadero ladrón. La película es La ley de Herodes.

El pasado 30 de noviembre el señor Ebrard, cual Vargas moderno, determinó desincorporar del uso del dominio público diversos predios en la capital, entre los que se encuentra la fracción de vía pública en Enrique Rébsamen, entre Pilares y Miguel Laurent, en la Del Valle. Esa fracción de la delegación Benito Juárez cuenta con una superficie de tres mil 698.45 metros cuadrados. Si bien es cierto que esa vialidad había sido utilizada por usuarios de la tienda de autoservicio, también lo es que ha sido utilizada para el paso de los vecinos, transeúntes y flujo vehicular.

El señor Ebrard determinó que un fragmento de calle se podía poner a la venta al mejor postor y, para que nadie se sorprenda, justamente el mejor postor resultó ser el mismo establecimiento mercantil de autoservicio, el cual destinará ese tramo para ampliar su estacionamiento. El costo de la calle, según informes de los vecinos, fue de alrededor de 18 millones de pesos, lo cuales sólo Ebrard sabrá para qué fines los destinará, pero seguramente no serán aplicados en beneficio de los colonos de la zona.

De este hecho encontramos cosas que nos preocupan. De la lectura en la Gaceta Oficial de 30 de noviembre del año pasado, en el decreto que desincorpora del dominio público una fracción de la calle Rébsamen, no se observa justificación alguna, sólo se puede leer que: “el Comité del Patrimonio Inmobiliario, dictamina procedente iniciar las acciones necesarias para desincorporar la fracción de vía pública en desuso, para su posterior enajenación a título oneroso a los colindantes naturales, en las mejores condiciones para el DF, a partir del valor que determine el dictamen valuatorio que para tales efectos emita la Dirección de Avalúos, dependiente de la Dirección General de Patrimonio Inmobiliario”.

No sólo determinó vender una calle a un particular sino además su desincorporación del dominio público no tiene ningún tipo de justificación y mucho menos se hizo en beneficio de los vecinos.

Nos preocupa que de nuevo el señor Marcelo se maneja ante la opinión pública con un doble discurso: hace unos días anuncia la Norma 29, con la cual pretende proteger a los mercados populares de la “competencia desleal” de las grandes cadenas comerciales de autoservicio, según palabras del jefe de Gobierno, y también se roba una calle que es un bien público, para vendérselo a una de esas grandes cadenas  de autoservicio. Es la prueba de que a Vargas, perdón, Marcelo, le encanta quedar bien con Dios y con el Diablo.

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