De la eficacia y el deber
Las prioridades del político mexicano están al revés. Lo primero en lo que piensa es en él, después en su partido y en joder al adversario.

Luis F Lozano Olivares
Avvocato del Diavolo
En México no queda claro para qué quieren el poder los políticos. Estamos rodeados de políticos sin oficio que confunden política con grilla. Que no entienden para que están, donde están y que tienen un deber que cumplir.
Las prioridades de los políticos mexicanos están al revés. Lo primero en lo que piensa un político mexicano es en él, seguido de su partido, seguido de joder al adversario y si hay tiempo, que últimamente no lo ha habido, en el país y su bienestar. No puede haber eficacia sin deber.
El “mejor alcalde del mundo” cree que puede evadir la responsabilidad de garantizar el orden público excusándose en que las marchas del SME son un problema federal. Como si el origen del problema eximiera de facto todos los delitos cometidos por los miembros de este grupo o su deber como gobernante. El “mejor alcalde del mundo” renuncia así a ejercer el poder y cumplir con su deber, porque está grillando, no haciendo política.
El PRI es otro ejemplo. La fracción parlamentaria del PRI decidió no dictaminar la reforma laboral, no obstante que contaban con mayoría calificada para su aprobación. Dijeron que querían buscar más consenso. Es decir, buscan en las urnas las mayorías y luego no quieren utilizarlas en esa mexicanísima noción democrática de pasar todo por unanimidad y diluir así, la responsabilidad política. La verdad es que en un desplante atípico de la bancada del PAN, por su agudeza, dejaron a los diputados del PRI expuestos ante su mezquindad, falta de responsabilidad y oficio al endosar por completo la iniciativa priista.
El PRI tiene la engañosa virtud de ser eficaz en aparentar eficacia y la gente (que también confunde grilla con política) los sigue eligiendo. Para mejores ejemplos Chihuahua y Tamaulipas, cuyas elecciones ganaron con facilidad, no obstante que ambos estados son ingobernables por la incompetencia de los propios gobiernos priistas.
En España, un presidente de gobierno cuestionado y desgastado por una crisis económica que, aunque no fue su responsabilidad, menospreció y no supo tomar decisiones a tiempo, está dando una clase de oficio político y sentido del deber. El presidente Zapatero, reaccionó muy tarde ante la crisis, y tuvo que impulsar fuertes reformas económicas que han resultado en suspender ayudas sociales entregadas por parte del gobierno. Pasó una reforma laboral y aumentó la edad de retiro, alejando del sueño del bienestar europeo a millones de votantes.
Consciente de ello, decidió hacer público que no se presentará a las siguientes elecciones en una maniobra de mucho oficio político. Por un lado, le otorga así una oportunidad a su partido para ganar las elecciones, al no presentarse él (el síndrome anti-Madrazo) y le pone obstáculos al PP y a Rajoy, adversario político, que ya se sentían en el Palacio de la Moncloa, asumiendo que en la boleta estaría Zapatero. Puede ser que el PSOE pierda de todas formas; así es la vida en las democracias decentes y ningún analista político se lo reprochará pero, al menos, le dio una oportunidad a su partido.
Por si algún político que leyó este artículo no le quedo claro el porqué el ejemplo español, le doy el resumen con manzanitas: primero el país, luego el partido y, al final, el interés personal.
*Abogado y analista