México en el mundo

Internacionalmente participamos en comisiones, consejos, tribunales y paneles, etcétera.

Durante el gobierno del presidente Felipe Calderón, México sólo ha cubierto la agenda internacional indispensable para una nación de su tamaño e importancia. Indispensable, pero nada más.

A lo largo de muchos años, por el rol que tradicionalmente ha tenido nuestro país regionalmente, geopolíticamente y siguiendo sus principios de política exterior, se posicionó en el contexto internacional como un factor determinante en múltiples foros.

Sin embargo, este liderazgo también se generó gracias a la visión de muchos presidentes de la República y sus cancilleres por ser parte de las soluciones globales, por estar y contribuir en los escenarios mundiales y desde hace más de 25 años por abrir las fronteras de nuestro país y exportar nuestros bienes y cultura a distintos rincones del planeta.

Así, la actual administración se encontró con que México ya formaba parte, intrínsecamente, de todo el complejo enramado institucional del mundo globalizado. Internacionalmente participamos en comisiones, consejos, tribunales y paneles, etcétera, y además se espera que tengamos una posición lúcida, activa y determinante que le inyecte peso a las decisiones que en todos estos espacios se toman.

La profesionalización de nuestros diplomáticos es indiscutible y se han ganado el prestigio que merecen. También lo han hecho la mayoría de los expertos mexicanos que se desempeñan como funcionarios en instituciones internacionales o que representan a nuestro país en las mismas.

A pesar de todo esto y la formación académica que tuvo el presidente Calderón en el extranjero, su administración dejó de lado la visión y ambición que tuvieron muchos líderes mexicanos por apostarle a un país con más presencia en el mundo.

A diferencia de la administración anterior, que optó por un protagonismo desordenado, sin estrategia y marcado por exabruptos que en algún momento nos hicieron estar peleados al mismo tiempo con Estados Unidos y Cuba (ningún país había conseguido esto a la vez). El actual gobierno decidió recomponer relaciones, trabajar profesionalmente en los temas que debía atender y no hacer ruido innecesario de ningún tipo, ni siquiera en los asuntos positivos que podría haber presumido en la materia.

Esto se ha traducido en una falta generalizada de conocimientos por lo que México está haciendo en el mundo, pero también en una política exterior que le acomoda bien al actual jefe del Ejecutivo federal.

Así, desde los cambios hechos hace unos meses en la Cancillería, por primera vez sus cinco posiciones más importantes, además de las embajadas y representaciones permanentes más destacadas, están ocupadas por miembros del Servicio Exterior Mexicano, lo cual, por supuesto, es una excelente noticia, pero al mismo tiempo evidencia la falta de interés por el tema en Los Pinos.

Los gobiernos anteriores habían aprovechado a la Secretaría o a algunas de sus posiciones más importantes para impulsar a actores políticos que le pudieran sumar al país internacionalmente con su visión y liderazgo.

Por el contrario, en este gobierno la obsesión continua por el tema de seguridad, siguiendo una estrategia mediática abrumadora, cuyos objetivos, matices y resultados han sido discutibles, ha generado que muchas de las otras áreas de la administración pública pasen a segundo plano.

Las relaciones exteriores fueron víctimas también de la guerra contra el narcotráfico.

Seguramente así seguirán hasta diciembre del próximo año y será hasta entonces cuando veamos cambios sensibles en el conducir internacional de nuestro país para retomar el protagonismo inteligente que se merece.

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