Gana sin quedar a deber

No podemos reclamar mezquindad de uno o la renuncia a una filosofía de juego del otro. Ambosse apegaron a lo que saben hacer.

Bajo ningún concepto se le puede restar mérito a la victoria del Real Madrid sobre el Barcelona en la final de la Copa del Rey, independientemente de gustos futbolísticos y preferencias personales por algunos colores.

Y no hablo de apoyar a uno u otro, o morirse en la raya defendiendo cualquiera de las dos escuelas o estilos. No deben gobernar las pasiones cuando se trata de ver objetivamente las cosas, mucho menos cuando se expone una opinión.

El partido presentaba un choque de ideologías, historias y formas de concebir el futbol. Uno que defiende la importancia de ganar sin importar la forma de conseguirlo, y otro que se ha preocupado y ocupado en hacernos creer nuevamente en el futbol total sin que éste sea un concepto alejado de las victorias.

Y así fue, cada uno con su particular manera de jugar, establecieron condiciones y vimos dos tiempos en los que cada uno imperó sobre el terreno de juego. Dividieron el mando del partido generando cada uno sus opciones claras de gol.

En la primera parte, el Real Madrid presionó al Barcelona desde la salida. Sí, 11 jugadores detrás de la pelota casi siempre, pero sin renunciar por completo al ataque.

Y como José Mourinho sabía mejor que nadie que se tornaría una misión imposible hacerlo durante los 90 minutos, y peor aún con tiempos extra como ocurrió al final de cuentas, reculó algunos metros para la segunda mitad.

Esto lo aprovechó el Barcelona para desplegar un futbol pleno, “hartándose”, como lo dijo Pep Guardiola, de tocar y tocar la pelota.

No cabe de ninguna forma aquella irritable frase de: “uno hizo el futbol y el otro los goles”, o el gol, en su defecto.

No se puede mirar con displicencia esta nueva conquista de la “casa blanca” cuando el rival al que se enfrentó se trata, nada más y nada menos que del mejor del mundo; y si perder con dignidad ante la máquina blaugrana tiene su mérito, imagínese cuando se gana sin quedar a deber absolutamente nada.

No podemos reclamar mezquindad de un lado o la renuncia a una filosofía de juego por el otro. Ambos se apegaron a lo que saben hacer y ofrecieron un duelo entretenido.

El partido se tornó de gol gana, y Cristiano Ronaldo cobró después de suspenderse en el aire para rematar de forma extraordinaria un servicio precedido de una gran pared entre el brasileño Marcelo y el argentino Di María, que le puso un balón muy a modo al portugués, quien lo convirtió en el tanto que le regresa la Copa del Rey al Real Madrid después de muchos años.

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