¿Qué nos dirían si todo se descompusiere? ¿Sería, acaso, una debacle “atípica”?
¿Quién podría dar el primer paso para empezar a caminar en la dirección correcta, aun cuando ésta fuere opuesta a la electoral?
Las cosas parecen complicárseles a nuestros triunfalistas; incapaces de entender las señales que vienen de fuentes diversas o de entenderlas, la búsqueda del voto les obliga a callar la verdad. Insisten, por encima de la realidad inocultable, en vender una interpretación que es entendible por los votos que anhelan obtener en caso de ser ungidos candidatos; no se dan cuenta de la brecha que se abre frente a ellos.
El ciudadano de a pie, al ver cómo aquélla se ensancha, sólo tiene el recurso de la burla el cual, si bien contribuye momentáneamente al desahogo, en modo alguno hace que las causas de la situación crítica que lo golpea —a él y a los suyos— desaparezcan.
Mientras el torrente de chistes crece sin control, los ineptos ahí siguen junto con los que no dudan en hacer lo que sea con tal de llamar la atención del Gran Dedo que los ungiría como candidatos. La búsqueda del voto mágico de aquél, los lleva a descuidar su trabajo para dedicarse al reto fácil —cual braveros de cantina— sin darse cuenta de lo inútil de su gesto.
De continuar así, no sólo obligarán al Gran Dedo a despedirlos por irresponsables sino a quedarse, como se dice coloquialmente, “chiflando en la loma” o si usted así lo prefiere, peleando con su sombra porque si creen que Peña los enfrentará, qué ilusos.
De continuar el deterioro económico y de las finanzas públicas en países clave en estos momentos, ¿qué pasaría, si como consecuencia de ello, también las cosas aquí empiezan a complicarse? ¿Qué dirían los que ahora todo lo ven rosa, y prometedor? ¿Qué causas darían de la descomposición de lo que aún hoy juzgan sólido e indestructible? ¿Caerían en la tontería ésa de “lo atípico”?
Por lo demás, poco importaría la suerte de esos dos o tres frívolos y uno medio loco que desesperados buscan la candidatura a la Presidencia de la República de su respectivo partido; lo que debemos atender, debe ser lo otro, lo que le pudiere pasar al país y su economía de seguir las cosas agravándose.
Es imposible esperar —en las actuales condiciones—, que los responsables propongan y tomen medidas que en verdad ayudarían a paliar los efectos negativos de empeorar la situación internacional. Lo único que parece importar, a unos y otros, es la elección de julio y la presidencial del próximo año. Lo demás, puede y debe esperar.
¿Hay forma de evitar esto? ¿Quién podría dar el primer paso para empezar a caminar en la dirección correcta, aun cuando ésta fuere opuesta a la electoral? Es más, ¿quién debería darlo? ¿Hay por ahí algún ingenuo que piense que los suspirantes a la candidatura presidencial deberían dar el primer paso? ¿Los creerá, ese ingenuo, suicidas?
¿Acaso debe ser el Presidente de la República, el obligado a darlo? ¿Usted cree que éste pondría en riesgo lo que de por sí parece ser ya una derrota segura en 2012? ¿Quién pues, debería dar el primer paso?
Dadas las reacciones por la decisión de la calificadora Standard & Poor’s acerca de deuda pública de Estados Unidos, ¿cree usted que si las calificadoras bajaren la calificación de la nuestra, la clase política se pondría de acuerdo para tomar las decisiones impopulares y dolorosas siempre pospuestas? ¿Ni así?
¿Qué nos queda, entonces? ¿Esperar la debacle?
