La inflación levanta la mano

- Ocurre en todos lados, si bien las reacciones no son las mismas.

La semana pasada parecieron resurgir los temores inflacionarios en el mundo, si bien de manera más o menos moderada si comparamos los niveles prevalecientes de este fenómeno con los que hubo que enfrentar en décadas pasadas, no tan lejanas en el tiempo, en realidad. Junto con ello y de acuerdo a la información publicada en documentos varios, locales y globales, a la par de los temores por la inflación también se registra un avance en el crecimiento de la economía. Tal parece que algo que no hemos logrado los humanos es disociar a ambas condiciones que si bien por una parte cada vez les entendemos mejor, de tiempo en tiempo se ven afectadas por circunstancias que no sé si llamarles “extraordinarias”, toda vez que, como quizá he compartido con usted, amigo lector, las crisis y los desequilibrios económicos que les provocan no son una excepción, sino más bien una regla confirmada y exacerbada por la globalidad de hoy.

A la circunstancia actual puede describírsele en parte por los distintos ritmos a los que la economía se recupera entre países y regiones, al igual que lo hacen las presiones inflacionarias que, siendo lideradas por el alza de materias primas de todo orden (desde alimentos hasta energía, pasando por metales industriales además del oro, la plata, etcétera.), afectan de manera diferente dados los diferentes patrones de consumo, por el tipo y nivel de actividad económica que se tenga o por las medidas de política económica que se hayan tomado.

Lo anterior provoca diversas reacciones en los participantes de la economía (o sea, en todos nosotros), así como que los flujos de capital internacional busquen  los destinos que más les convienen, ya sea por el atractivo que presentan las condiciones presentes y futuras del crecimiento o por lo seductores que resultan hoy los diferenciales entre las tasas de interés entre distintos países, concretamente entre desarrollados y los emergentes. Estos últimos si bien se benefician en principio por la entrada de capital tanto para inversión fija como financiera, registran en contrapartida presiones sobre sus tipos de cambio que tienden a apreciarse con consecuencias negativas en la competitividad de sus exportaciones, afectaciones de tipo especulativo en ciertas partes de la economía (provocando las llamadas “burbujas de precios”) y en general situaciones que hacen crecer a la economía más aceleradamente, lo que se refleja en el nivel general de precios que empiezan a subir y ponen nerviosos a todos: consumidores, inversionistas, autoridades financieras y económicas y, claro, a los políticos que siempre ofrecen felicidad gratis y tratan de enmascarar a los fenómenos que evidencian que esto es falso y que por lo tanto les dejan ante la opinión pública y la ciudadanía en general como ignorantes, mentirosos e irresponsables o las tres cosas juntas.

Las presiones inflacionarias a las que referí al principio de esta Consejería, si bien no de dimensiones catastróficas, no pueden ser ignoradas habiendo generado ya respuestas en algunos países en la dirección de revertir las políticas de relajación monetaria y fiscal que se han instrumentado en los años recientes para apoyar a la economía. Países como China, Brasil, Australia y la región de la Unión Europea, entre otros, han decidido iniciar en algunos casos desde hace ya varios meses un ciclo alcista de tasas de interés previendo que la inflación inevitablemente les provocará distorsiones y problemas en el manejo de la economía y que si no es combatida y controlada con oportunidad, los efectos y los costos serán cada vez mayores. En otros, como Estados Unidos y México, aún no iniciamos este ciclo, por condiciones particulares.

A la inflación no se le puede dejar avanzar con la falsa expectativa de que un día se controla por sí misma. Eso no pasa. Tratar de controlar a la inflación una vez que surge, cualquiera que sea su causa, es como tratar de meter al envase que le contenía, al dentífrico que uno usa. Es fácil sacarlo, pero meterlo y que todo quede como antes es prácticamente imposible.

Por razones de descanso (suyas y mías), regresaré a estas páginas el próximo lunes 25 de abril. Suerte.

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