¿A dónde va la riqueza?

A pesar de ser una de las 10 o 12 economías más pujantes del mundo, no se note esa bonanza en la calidad de vida?

Cada año ingresan a México poco más de 20 mil millones de dólares por la venta de distintos productos en el extranjero, desde las botellas de vidrio que produce Vitro, los activos de Grupo Carso, las telenovelas de Televisa, el petróleo de Pemex o el cemento de Cemex, entre otros.

Si calculamos que los ingresos se mantuvieron más o menos constantes, incluso en los peores momentos de la crisis, en los últimos diez años ingresaron a México 200 mil millones de dólares, cerca de 240 billones de pesos. ¡Qué bueno que la economía mexicana sea tan dinámica! ¡Ojalá siga creciendo!

La pregunta inevitable es ¿qué ocurre con ese dinero? ¿Cómo es posible que a pesar de ser una de las 10 o 12 economías más pujantes del mundo, no se note esa bonanza en la calidad de vida? ¿Qué es lo que ocurre?

La respuesta es sencilla, pero el problema que encierra es difícil de resolver. Lo que ocurre en México es que el ingreso se concentra de manera extremadamente injusta, muy polarizada, en pocas personas. Eso explica por qué la economía del país está bien, pero la economía de las familias está mal.

Y no es que no lo sepamos. En distintos textos, Miguel Székely ha explicado lo grave que es el problema de la concentración en México y cómo, en estricto sentido, el problema no es un problema de crecimiento, pues incluso en las crisis más difíciles del país, 1994-1995 o 2007-2009, el país ha crecido.

El problema, más bien, es que la riqueza se queda en muy pocas manos y por eso tenemos la percepción de que el país no crece o que cada día estamos peor. Además, hemos hecho poco para resolverlo. Y no es que no se hayan intentado soluciones, sino que la mayoría de esas propuestas se quedan en la superficie con programas para paliar los efectos más graves de la pobreza, sin resolver las causas estructurales del problema.

Es más, nuestros programas de combate a la pobreza cumplirán 20 años en 2012 y, al ritmo que vamos, necesitaríamos otros 20 años para lograr los resultados que se esperaban.

20 mil millones de dólares es también lo que anualmente ingresa a México por las remesas de los migrantes. Si multiplicamos esa suma por diez años, han entrado al país otros 200 mil millones de dólares. La pregunta es ¿dónde están? ¿Por qué no se reflejan y la pobreza continúa? Aquí la respuesta tiene que ver con la mala educación y la cultura imperante a la que casi no se le invierte.

Los problemas son tan graves que la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico publicó esta semana un estudio que deja ver lo difícil que es vivir en México: mientras que en otros países las jornadas laborales se reducen, nuestras jornadas aumentan y ahora se trabaja, en promedio, diez horas al día. Las implicaciones sociales de esas largas jornadas son aterradoras, especialmente cuando se considera que se deben agregar entre tres y cuatro horas que algunas personas deben invertir en transporte, lo que hace que los hijos de muchas familias sean educados por la televisión o la calle.

México necesita reformas estructurales, entre ellas la fiscal, para evitar la concentración del ingreso, pues nos hace, entre otras cosas, un país volcado sobre sí mismo, en el que el bienestar de los otros es cada vez menos importante y en el que crece, para mal, una mentalidad egoísta, propia de un “liberal salvaje”, que sólo piensa en su propio beneficio.

 *Analista

manuelggranados@gmail.com

 

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