Por qué pienso que no funcionaría un discurso de pasado y sí, uno de futuro
Irse al pasado para exhibir la incompetencia del adversario, es temerle al futuro y lo que implica construirlo.
En el párrafo final de la colaboración anterior escribí: “Con su discurso, salvó la Convención; hizo que ésta valiese la pena. Lo que dijeron los demás fue pura paja sin valor alguno.”
Me refería a las palabras del gobernador del Banco de México en su excelente intervención frente a la que consideré —y considero después de releerla— una presentación vacía de ideas, olorosa a naftalina, pues se regodea en el antepasado y en lo que hicieron mal los priistas de 1970 al 2000.
Ante algunos señalamientos recibidos, doy a continuación algunos de los porqués de mi posición; al darlos, espero ayuden a explicar mi posición en torno a la presentación del maestro Ernesto Cordero y al discurso de otros políticos panistas que hoy parecen creer que conservarán la Presidencia centrando su oferta en la exhibición de los resultados obtenidos —al menos desde su personal perspectiva— en los 30 años de gobernación priista que van de 1970 a 2000.
De entrada debo decir, porque estoy convencido de ello, que centrar la venta de una candidatura panista o no a la Presidencia de la República —sea la del secretario de Hacienda o la de cualquiera de los otros tres apuntados— en ridiculizar los resultados económicos y en finanzas públicas obtenidos en aquellos tres decenios, es no entender el carácter y la profundidad de los problemas que enfrenta el país.
¿Acaso es en pasado donde están los problemas que enfrentamos hoy en todos aspectos?, ¿de ser así, dónde buscarían los proponentes de dicha posición las soluciones?, ¿en el pasado?, ¿en verdad piensan que allá estarían y de estarlo, serían aplicables hoy, dadas las condiciones actuales tan diferentes a las que reinaban en México durante esos 30 años?
Pienso, dada la propensión de nuestros políticos —no sólo los panistas— a irse al pasado para exhibir la incompetencia del adversario, que lo hacen porque le temen al futuro y lo que implica construirlo. El pasado, para panistas y no panistas, el pasado carece de riesgos, nada exige y además, no hay que modificarlo.
¿Por qué no ver al futuro, hacia lo que debemos construir?, ¿por qué no ver las experiencias exitosas en otros países, y entender que lo que hicieron fue ver al futuro y se atrevieron a construirlo?, ¿a qué le teme Cordero y los que como él, van al pasado a encontrar los datos que mostrarán lo sabido y sufrido?, ¿eso es lo que esperan de él los electores? Qué nos diga lo que pasó, ¿o cómo vamos a construir el futuro?
¿Qué les dice hoy LEA y JLP y sus locuras económicas, a los que con menos de 30 años buscan —desesperados por la situación— sólo sobrevivir? En 2000, cuando México se convirtió en el paraíso, los que votarán el año próximo por primera vez, tenían sólo seis años y los que por segunda ocasión pudieren hacerlo —21 años— tenían nueve.
Lo que parecen no tomar en cuenta Cordero y su equipo, es que lo que hoy cosecha su partido se fincó en los sexenios de CSG Y EZPL, priistas ambos. ¿Qué quedaría de su oferta si en vez de 1970 toma 1988 como el principio de su análisis?
El futuro es el problema; es el reto y lo es más para los que como Cordero, se han preparado para construirlo.
¿No ve ahí la oportunidad que podría, con una oferta de futuro, hacerlo candidato y después, por qué no, Presidente?
