No fueron los cambios
En lo único que acertó Carlos Reinoso en el Clásico fue en el asunto de las entradas. En efecto, se llenó el estadio.
“El miércoles era un fregón con los cambios, hoy soy un estúpido, pero no se olviden que los Ame estamos en las buenas y en las malas”, escribió Carlos Reinoso en su Twitter después de ser humillado por las Chivas el pasado domingo. Y es que no sólo perdió, fue rebasado en todos los sentidos por su rival, incluso por el del banquillo, que si bien es cierto tiene mucho menos tiempo dirigiendo que el chileno, le comió el mandado —diría yo— con facilidad.
La necedad de incluir sí o sí a Miguel Layún en su alineación trae consecuencias que sólo Reinoso no quiere ver, mucho menos aceptar. No es un buen lateral y tampoco funciona como volante de ida y vuelta. Sí, tiene gran condición física, pero si de eso se tratara, cualquier corredor podría jugar futbol. Hoy lo mínimo indispensable es correr y sacrificarse, pero sin talento el futbol profesional se convierte en un sueño imposible.
Desajusta su defensa, aún más, retirando a Valenzuela de su zona habitual, teniendo así que incluir en la defensa central a Diego Cervantes, quien ocupa brújula para ubicar las condiciones que un día mostró. Y todo por no sacar a Layún. De hecho, a su mejor volante lo puso a trabajar por una zona en la que no transita, es el caso de Rosinei.
Por eso no coincido en que Reinoso se tire al piso por las críticas recibidas en los cambios. ¡No! El error vino en el planteamiento inicial, continuó en el desarrollo del partido, donde, en efecto, podemos incluir los cambios.
Una de las grandes capacidades que debe tener un entrenador es la de improvisar, sí, pero sobre la marcha, es decir, ajustar, modificar o arreglar, pero cuando uno se aleja tanto del famoso librito que ellos mismos defienden y les da por inventar, experimentar o necear, el resultado es casi siempre el mismo.
Y todo lo mal que hizo América lo hizo bien el Guadalajara. Empezando por El Cubo Torres, quien se pasó por el Arco del Triunfo lo que yo establecía el sábado como posibilidad: ser gobernado por el nerviosismo de su primer Clásico. Bueno, qué tan polarizado estuvo el asunto que un chamaco de 18 años tuvo la capacidad de desquiciar a la defensa americanista. Y así Marquito se despidió como don Marco, mientras que la defensa americanista se sigue confirmando como un “desastre al cubo”.
En lo único que acertó Reinoso fue en el asunto de las entradas: se llenó el estadio, cosa que provocó que hubieran más testigos del Rebaño.
