El clásico de clásicos

Hablan de orgullo, de la necesidad de ganar, la rivalidad y los temas de siempre, pero de picones nada de nada: cada quien en lo suyo.

Y en medio de la Copa Libertadores y Liga de Campeones (la buena y la mala) llegó el Clásico Nacional, al único que nadie puede verle por encima del hombro ni rebatir si merece ser o no llamado como tal.

A Carlos Reinoso se le quemaban las habas por decir algo del partido que todo entrenador quiere dirigir y todo futbolista anhela jugar. Lo que fuera, pero finalmente poder sentarse frente a un micrófono para soltar el primer pinchazo rememorando épocas históricas que protagonizaron hacedores de capítulos brillantes en este juego como José Antonio Roca, al que el Maestro llama Maestro.

“Les vamos a llenar su estadio”, dice Reinoso recién terminado el juego ante Argentinos Jrs.

Mientras tanto, Vergara deja de ser Vergara al extremar precauciones con palabras apenas diciendo que a ellos no les van a meter cuatro como el Puebla. Los jugadores hace tiempo se alejaron de prácticas retadoras vía medios de comunicación. Hablan del orgullo, de la necesidad de ganar, la rivalidad y los temas de siempre, pero de picones nada de nada: cada quien en lo suyo.

Y me parece prudente porque por más que nos guste que los futbolistas jueguen ese deporte que muchas veces resulta más entretenido a lo largo de la semana, se maneja una línea de cordura mandando un mensaje con sentido en contra de la violencia, tal y como fue la foto oficial de Chivas para este torneo.

Y es que ninguno está para amenazar al otro, si bien llegan con cierta inercia positiva el peso frente al dólar ha sido más estable de lo que han logrado ser estos dos. Por eso nada puede asegurar que teniendo de un lado a un equipo que parece encontrarle el rumbo a su ataque contando con el jugador más desequilibrante del torneo, como lo es Ángel Reyna, quien contribuye con nueve de los 25 goles que tiene América, siendo la mejor ofensiva de todas, cuando enfrente tiene a la segunda mejor defensa con apenas nueve goles aceptados.

Y América sabe que ha perdido con los equipos poderosos en la Liga, como Monterrey, Tigres y Monarcas, porque son exageradamente frágiles en defensa (sólo la segunda peor del campeonato).

Como Guadalajara, entiende que se ve rebasado en nombres y que su figura ofensiva podría sufrir lo que cualquier novato sufre en términos de nerviosismo cuando juega su primer Clásico, y es que el desahogo rojiblanco se llama Erick Torres, quien apenas da sus primeros pasos en el máximo circuito, y que promete, claro que sí, pero no deja de ser factor la inexperiencia.

Se fue la semana previa al clásico como cualquier otra y qué bueno: de nada sirven los gritos, retos, señalamientos o bromas si falta sustancia futbolera.

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