De sangre azul

Los objetivos siguen siendo los mismos... al igual que las desatenciones e indisciplinas.

Nadie exactamente sabe lo que le sucede al Cruz Azul, pero volvió a fracasar en su intento de lograr un título. Desde la obtención de su último campeonato de liga, en el invierno 1997, el equipo cementero ya suma 32 torneos oficiales sin ganar un cetro: 26 ligas, cuatro del torneo de campeones de Concacaf, dos de Copa Libertadores, y todavía se dio el lujo de renunciar a participar en la edición de 1998 de la desaparecida Merconorte.

Incapaz de sostener una ventaja, no saber definir en penales, echarse para atrás o tratar de aguantar un resultado han sido las características celestes en los últimos años, casi siempre terminando con saldo rojo al apostar con jugadores que atentan directamente con los intereses de la institución.

Comenzó ganando dos finales, la final del Clausura 2008 al Santos al minuto 16, con gol de Nicolás Vigneri y contra el Pachuca en la Concachampions 2010 gracias a un error de Goyo Torres. Los Guerreros le dieron vuelta al marcador y terminaron imponiéndose 3-2, mientras que los Tuzos alcanzaron el empate global en el último minuto y se quedaron con el título por el criterio del gol como visitante.

En la final del Apertura 2009 se fue al primer descanso con una ventaja de 3-1 como visitante y terminó perdiendo por dos de diferencia.

Un año antes, logró remontar un 2-0 adverso para empatar el global y forzar el tiempo extra y penales en la Bombonera contra el Toluca. En la final de la Concacaf 2009, contra el Atlante, ha sido la única vez en la que nunca tuvo ventaja o alcanzó la paridad global.

En las semifinales de Concacaf 2009, Cristian Riveros se hizo expulsar al minuto 32, puso en riesgo la clasificación a la final que terminó definiéndose en penales contra el sorpresivo equipo Islanders de Puerto Rico.

En la edición 2010, la tarjeta roja la recibió Julio César Domínguez en la recta final del primer capítulo y ahora, en la antesala 2011 frente al Monterrey, el flamante refuerzo chileno, Walter Ponce, hizo el trabajo integral del balompié mexicano: falta, tarjeta y anotación, en este caso penal, roja y gol que mata.

En las finales caseras, contra Santos, la indisciplina apareció hasta el silbatazo final con reclamaciones de Gerardo Torrado, que le costaron dos partidos de suspensión; frente a Toluca, se responsabilizó de la derrota al silbante Roberto García por aquel penal que no marca a favor de los celestes por una falta evidente sobre César Villaluz, pero también el nazareno le perdonó la tarjeta roja al propio Torrado por su juego violento, y ante Monterrey no hubo novedades, aunque hay que destacar que, al inicio de la liguilla, Jaime Lozano fue suspendido por fingir una falta dentro del área contra el Puebla, quedando la plantilla muy advertida.

Sus dos últimas eliminaciones son muy similares. Contra Pumas en los cuartos de final del Apertura 2010, expulsión irresponsable de Horacio Cervantes por una agresión a Francisco Palencia y, a seis minutos del final, una mano dentro del área de Néstor Aráujo y gol en contra; ahora, ante el Monterrey, penal, roja y otro tanto decisivo, días después de que otro de sus jugadores se mete en la polémica, Rogelio Chávez, por supuestos insultos racistas contra Darwin Quintero, de Santos.

Entrenadores y jugadores van y vienen, los objetivos siguen siendo los mismos... al igual que las desatenciones e indisciplinas. Tal vez lo que hace falta es un cambio radical de metodología, pero, sobre todo, de filosofía.

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