Ángel de la impunidad
El húngaro Tamas Ajan es un cínico de siete suelas al servicio de la alta cúpula del COM.

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Los diuréticos lavan el cuerpo de sustancias prohibidas. En la esfera deportiva y médica se les conoce como sustancias “enmascarantes”; actúan como borradores fisiológicos, debido a que al elevar la tasa de micción diluyen o eliminan muchas de las sustancias corporales, de tal manera que alteran sensiblemente los análisis químicos. Los rastros de las sustancias prohibidas casi desaparecen. Digámoslo por enésima vez: las autoridades deportivas fijan sanciones a todos los atletas que emplean diuréticos. Hay excepciones, pero ese no es el caso; y cuando las hay se divulgan antes, nunca después.
Es de lo más pueril, peregrino y deleznable (deleznable no es despectivo, es un vocablo que indica que un argumento no tiene consistencia lógica, que se puede desmoronar como un terrón de azúcar) que los atletas mexicanos insistan en que la sustancia que tomaron “no influye para nada en mi rendimiento”. Un argumento que ruborizaría a un niño o niña de siete años.
Algunas razones por las que se castiga a quienes emplean sustancias prohibidas: porque agreden su cuerpo (“El cuerpo” dice Novalis, el poeta alemán “es un templo que hay que respetar y reverenciar”); por los daños que se causan: cáncer, muerte súbita; y porque rompen el espíritu del fair play, violan la competencia en igualdad de circunstancias; lo sepan o no, sea voluntaria o involuntariamente. La ignorancia es peor que la maldad.
El anuncio de que la guapa halterista sonorense Cinthya Domínguez ya no será castigada por la Federación Internacional de Levantamiento de Pesas, presidida por el húngaro Tamas Ajan, parece, en algunos, un motivo de alegría. “Podrá competir en el proceso clasificatorio para los Juegos Panamericanos y Juegos Olímpicos” expresa Rosalío Alvarado, titular de la Federación Nacional.
Los medios comunicaron ayer que la Organización Deportiva Centroamericana y del Caribe (Odecabe) omitió enviar la sanción de Cinthya Domínguez a la FI de Pesas. La sonorense dio positivo por sibutramina, estimulante del sistema nervioso central. La atleta, ganadora y desposeída de dos medallas de plata en la división de los 69 kilos, alegó originalmente, haber consumido un diurético.
El ingenuo Rosalío afirma que regresaron las medallas y que le hicieron a Cinthya “un nuevo examen antidopaje y salió limpia”. ¡Cuánta incultura! A la atleta la castigaron por el examen que le hicieron en Mayagüez no por el de ahora, ni por el de mañana. ¡Ni la O por lo redondo!
Hay un punto más desagradable y maloliente que una olla de legumbre, ajo, cebollas y pescado podrido. El húngaro Tamas Ajan es un cínico de siete suelas al servicio de la alta cúpula del COM como lo es también el uruguayo Silvio Maglione, de la FI de Natación. Ajan es un Ángel de la impunidad, de algunos atletas mexicanos. En el otoño de 2003 vino a México a levantarle el castigo a Soraya Jiménez con el argumento deleznable de que “la sustancia prohibida que tomó Soraya la voy a eliminar de la lista de la Federación el próximo mes de enero”. Ajan violó las reglas de su propia Federación Internacional.
Ajan anunció el pasado 16 de febrero que está listo a colaborar con la organización de los próximos Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011. ¡Ayayay!