La mala educación

El enseñarle a los hijos a manejar su vida financiera es el mejor regalo que les podemos dar.

No importa lo que quieran ser de grandes, lo que importa es que aprendan a administrarse.

Abril es el “mes del niño”. Como se pueden imaginar mis lectores, el Día del niño es uno de los tantos que no celebro y que, inclusive, me molesta por el énfasis que se pone en el festejo material.

Desde principios de mes, los pasillos de juguetes de las tiendas se abarrotan de lo último, lo mejor, lo más deseado para agasajar a los reyes del hogar. Todo disponible a meses sin intereses, con pagos pequeñitos y crédito fácil. La presión que hay a los padres por gastar y no quedarse atrás en los regalos que les compramos a nuestros hijos es enorme. Y particularmente irónica, pues es un momento en el que cada vez más familias enfrentamos más presiones financieras.

Podría omitir hablar del día. Sin embargo, quiero aprovechar este “festejo” para hacer énfasis en uno de los temas que más me importan en mi vida profesional: la cultura financiera infantil. Durante todo el mes de abril dedicaré mi columna a hablar de los niños y el dinero. Creo que el enseñarle a nuestros hijos a manejar su pequeña vida financiera es el mejor regalo que les podemos dar.

El dinero es el último tabú que existe en el siglo XXI. Basta prender la televisión en cualquier canal infantil para confirmar que el día de hoy cualquier tema es “apropiado” (lo sea o no) para los oídos de los niños.

En el currículum obligado que tenemos que seguir como padres nos aconsejan de manera enfática a hablar con nuestros hijos, desde la más temprana edad, sobre los peligros del cigarro y de las drogas, sobre el uso adecuado del alcohol y sobre la sexualidad responsable. Incluso en las escuelas estos temas forman parte del material curricular y extracurricular que se les enseña a los niños.

¿Y de dinero? En qué momento se nos orienta como padres o a los educadores para hablar de consumo responsable, del buen uso de las tarjetas de crédito, de la manera correcta de hacer un presupuesto o de la mejor manera de elegir un instrumento de inversión.

La falta de cultura financiera que tenemos como adultos viene en parte del silencio en torno al dinero, que en la escuela y en la casa, se perpetuó. Crecimos en un mundo en donde hablar de dinero era de mala educación, casi como masticar con la boca abierta. Hacerlo demostraba materialismo y frialdad. Definitivamente un tema no apto para la conversación de la mesa. No es de extrañarse que hoy, como adultos, enfrentemos los problemas financieros como los enfrentamos. Muchos de ellos a causa de simple desconocimiento del manejo básico del dinero.

Creo que es tiempo de romper este círculo vicioso y traer el tema del dinero al ámbito familiar y empezar a enseñar a nuestros niños sobre el dinero. Porque no importa que es lo que nuestros hijos quieran ser “de grandes”, una de las armas más importantes que van a necesitar todos es la del conocimiento financiero. El mundo del dinero se está sofisticando y sólo en la manera en que nuestros niños sepan manejarlo se van a poder integrar al mundo laboral y van a poder hacer sus sueños realidad. Sean sus sueños como profesionistas, emprendedores o am@s de casa.

Como padres nos cuesta hablar de dinero parte por el desconocimiento que nosotros tenemos sobre el tema y parte porque hablar de dinero es, también, hablar de muchísimas cosas. De valores, de éxito y de fracaso, de carencias, de sueños a veces incumplidos, de inseguridades, de la definición de éxito que, sentimos, debe tener la vida.

Es momento de empezar a hablar. Hablar de dinero, tanto en los conceptos abstractos como en lo que se refiere a la situación particular de cada casa.

Durante todo este mes, esta columna, así como la cuenta de Twitter (@caymill) y el blog (www.cabronaymillonaria.blogspot.com) estará contestando las preguntas que tengan sobre los niños y el dinero (Cómos, cuándos, dóndes y por qués). Les pido me manden sus dudas por cualquiera de estos medios y que empecemos a hablar de dinero en la mesa de la casa. Esa es la buena educación.

*Especialista en finanzas personales

Doktor Dinero

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