Contra la ortodoxia

Los cambios en el sistema educativo deben ocurrir cuando hay mudanzas en el

El gran educador sueco Torsten Husen apuntó que hay tres razones principales que explican el fracaso de las transformaciones en el sistema escolar. Primera, cuando las reforma se inician y ordenan desde la cúspide del poder con frecuencia mueren antes de que lleguen a la base. Segunda, los cambios en el sistema educativo deben ocurrir cuando hay mudanzas en el “ambiente”, en la sociedad en su conjunto. Esto, debería ser evidente por sí mismo, dice Husen, pero los educadores a menudo sufren de una enfermedad profesional: son ciegos a las condiciones de fuera de los muros de las escuelas. Tercera, y más importante, el problema común de los sistemas escolares es la “cobertura de cemento” que sofoca el espíritu innovador (Problems of Educational Reform in a Changing Society, en Val D. Rust, Education Reform in International Perspective, Bingley, UK, Emerald, 2007).

No me sorprendió la respuesta negativa e inmediata que recibió la propuesta del gobernador de Chihuahua, César Horacio Duarte, de militarizar a los llamados ninis. Pero no encontré en ninguno de esos rechazos un argumento sólido de por qué no hacerlo. Nadie desmontó los méritos o apuntó los defectos que la propuesta pudiera tener. La realidad, me parece, es que sale de la ortodoxia escolar y que molesta una opción distinta.

Es una propuesta que no surge desde las cumbres del poder político nacional, ni siquiera recibió el apoyo de otros gobernadores o de la cúpula del Partido Revolucionario Institucional y, a los del centro, quizá les parezca una idea provinciana. No obstante, si hubiera algo de apertura en la mente de los políticos que dirigen este país (es mucho pedir, lo sé), quizás esa apuesta abriría un debate con miras a buscar alternativas para los millones de jóvenes que no tienen empleo, no están en la escuela ni tienen perspectivas de vida segura.

El secretario de Educación del Distrito Federal, Mario Delgado, apuntó que el programa de becas Prepa Sí es una solución mejor. Si bien la respuesta del secretario de Educación Pública, Alonso Lujambio, fue caballerosa y mostró respeto por las Fuerza Armadas, señaló su defensa de la cobertura de cemento del sistema educativo.

Lujambio insistió en su preferencia por la educación formal, mas ni él ni Delgado dijeron qué proyectos tienen en mente para incorporar a la escuela a jóvenes de, digamos, entre 18 y 24 años de edad, que no tienen instrucción previa ni capital cultural. Que no nos digan que sería por medio del Instituto Nacional para la Educación de los Adultos, cuyos programas de alfabetización son minimalistas y de baja calidad.

No hago una defensa ciega de la propuesta del gobernador Duarte, pero le veo cierto mérito: sale de la rutina del más de lo mismo. Mi amigo Jorge Andrade Cansino me proporcionó información sobre los Civilian Conservation Corps de los Estados Unidos en los años 30 y se me ocurrió otra opción.

Se puede destinar una porción del programa Oportunidades para ofrecer salarios a, digamos, un millón de hombres y mujeres jóvenes, a cambio de que se enrollen en una mesnada, donde reciban educación formal, entrenamiento técnico e instrucción física, así como formación militar básica. El fin no será reclutarlos con el fin de que sirvan en las Fuerzas Armadas, sino con el objetivo de hacer trabajos necesarios para el país y se formen como ciudadanos con opciones de vida productiva.

Por ejemplo, después de recibir capacitación en esas áreas, se pueden formar brigadas competentes y disciplinadas para reforestar los bosques, limpiar las carreteras y los ríos, montar santuarios destinados a las aves y especies en peligro de extinción, así como construir depósitos de basura ecológicos para las poblaciones y municipios más pobres del país.

En México hay experiencias de colaboración entre la SEP y la Secretaria de la Defensa Nacional. Cuando Miguel Limón era secretario de Educación Pública, se puso en marcha un programa de alfabetización que incluía cierta formación en valores para los reclutas del Servicio Militar Nacional. No sé si ese programa siga en marcha pero, a pesar de que se limitaba a un día a la semana, me parece que tenía cierto potencial.

Hago votos por que entre la burocracia y los aparatos políticos haya personas que se atrevan a ir más allá de lo existente. Estamos urgidos de un espíritu innovador.

 *Académico de la UAM

 Carlos.Ornelas10@gmail.com

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