Los derechos políticos de las mujeres

Han pasado más de 58 años desde su reconocimiento en ese ámbito y no hemos logrado su inclusión debida en los espacios del poder. Ha sido necesario establecer cuotas específicas para que los partidos inscriban su participación efectiva.

La Carta Magna, en su artículo 34, reconoce la ciudadanía de las mujeres mayores de 18 años, el artículo 35 señala, entre otras prerrogativas que derivan de esta calidad, votar en las elecciones populares y poder ser votada para todos los cargos de elección popular y nombrada para cualquier otro empleo o comisión. Estas reformas a la Constitución de 1917 se promulgaron en el Diario Oficial de la Federación el 9 de diciembre de 1952. Has pasado más de 58 años desde el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres y no hemos logrado su inclusión debida en los espacios del poder político. Ha sido necesario establecer cuotas específicas para que los partidos inscriban su participación efectiva. Sin lugar a dudas reconozco que hemos estado en falta con las mujeres. Que las reformas que se han impulsado para garantizar sus derechos han sido insuficientes y sobre todo han sido exiguas las políticas públicas que fomenten su plena incorporación en todos los espacios de decisión.

En el PRD se ha impulsado la cuota de género desde el primer Congreso y hoy el Estatuto señala la paridad como mecanismo para lograr la participación igualitaria de hombres y mujeres en los espacios de dirección del partido y para la integración de las listas plurinominales. Falta incorporar de manera eficaz la paridad en las candidaturas uninominales, en las candidaturas a las presidencias municipales y también falta que estos preceptos de participación paritaria de mujeres y hombres sean propuestos en todos los ámbitos políticos, económicos y sociales del país. Es necesario que las y los legisladores del PRD y de otros partidos sigan trabajando en asegurar reformas estructurales que garanticen, en todos los ámbitos de poder, sea privado o público, la incorporación de las mujeres en las mismas condiciones que los hombres, hasta lograr la igualdad plena.

No ha sido fácil que los hombres reconozcamos la nueva realidad que nos manda construir la Constitución, en particular en su principio de no discriminación por ninguna condición. No obvio señalar que requerimos construir toda la estructura social que nos ha formado en el androcentrismo y nos ha educado en determinar que las mujeres su espacio “natural” es el ámbito privado, casarse, tener familia y atender las labores del hogar y al marido. Nada más equivocado, las mujeres poco a poco se han venido incorporando a la vida social, política y económica de la nación, su participación es imprescindible para el desarrollo social sustentable y armonioso. Sin embargo, para lograr la plena igualdad no basta la sola decisión de las mujeres, no basta que ellas se organicen y exijan, tampoco es suficiente que se inscriban algunas reformas, que se decreten nuevas leyes y no se articulen los mecanismos y las acciones gubernamentales para hacer efectivas estas reformas. Los cambios son estructurales y son muchos los caminos que debemos emprender permanentemente hombres y mujeres, para asegurarles y reconocerles justicia, igualdad, autonomía, libertad y una efectiva ciudadanía. Construir el México que requerimos pasa inexorablemente por el reconocimiento de los derechos políticos de las mujeres que están intrínsecamente relacionados con todos sus derechos humanos. De ese tamaño es el reto. Es construir una nueva noción de democracia y de libertades ciudadanas.

  *Integrante del Partido 

  de la Revolución Democrática

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