2012: nada decidido; el dolor de Sicilia

En el PAN, 43% está de acuerdo en que se postule, como candidato a la Presidencia, a un externo al partido. Una cifra sorpresiva.

Cuarenta y tres de cada cien panistas están de acuerdo en que el PAN postule, como candidato a la Presidencia, a un personaje externo al partido. Es una cifra tan elevada como sorpresiva, que refleja la falta de confianza del panismo hacia sus aspirantes presidenciales y respalda, de paso, la insistencia de Felipe Calderón de ungir a un no panista en 2012.

Y si en este momento los panistas tuvieran que elegir a un azul como candidato a la Presidencia, ganaría —tanto en lo interno como en población abierta— el senador Santiago Creel. Por el PRI y por el PRD, también en ambas pistas, serían Enrique Peña Nieto y Andrés Manuel López Obrador.

¿Y si hoy fueran las elecciones presidenciales, qué partido tendría más votación? PRI: 33 por ciento. PAN: 22 por ciento. PRD: 12 por ciento.

Las estimaciones anteriores —divulgadas el domingo pasado en Reforma (Enfoque 884)—, si bien habrá que considerarlas en un contexto de que hasta julio de 2012 pudieran ocurrir muchas variantes político-electorales, sí reflejan los estados de ánimo tanto en los partidos como entre los votantes.

Entre los priistas, 71% se inclina por el gobernador mexiquense, Peña Nieto, como su candidato presidencial. No sorprende porque esta tendencia, prácticamente, no ha variado. Lo siguen Fidel Herrera, con 10%, y Manlio Fabio Beltrones, con siete por ciento.

¿Ganaría hoy Peña la Presidencia de México? La encuesta le da 45% de apoyo, con 21 puntos por encima de AMLO, que registra 24 por ciento. En tercero, Creel con 15 por ciento. En 15 meses aún pueden ocurrir muchas cosas.

Y no se trata de adivinar escenarios ni, mucho menos, tomar partido. Basémonos en la experiencia más reciente: 2006.

En enero de 2006, AMLO llegó a tener hasta 30 puntos de ventaja sobre Calderón, pero cometió dos errores: no asistir al debate entre los candidatos —Calderón lo ganaba mientras Roberto Madrazo ratificaba su nerviosismo derrotista—, y esa mala decisión le costó alrededor de 10 puntos al tabasqueño.

El segundo error fue haberse ensañado contra Vicente Fox, a quien le endilgaba el famoso “cállate, chachalaca”. El entonces coordinador de campaña, Jesús Ortega, le recomendó: “No ataques a Fox, Andrés. La gente lo sigue viendo bien. Es rudeza innecesaria”. Pero a Andrés no le importó, siguió con su discurso antiFox y le costó también varios puntos.

Ello nos demuestra la importancia de los debates. Imaginemos uno entre AMLO —hábil polemista— y Peña Nieto. El que lo gane, seguramente se llevará varios puntos a la bolsa.

Y faltan las campañas y entrevistas, donde se gana y se pierde.

Peña le lleva, hoy, 21 puntos de diferencia a AMLO, y 30 a Creel. Por experiencias pasadas, nada está decidido.

En el PRD, el triunfo lo tiene prácticamente amarrado AMLO. Setenta y cinco por ciento de los perredistas lo quiere para 2012, contra un lejanísimo 18% de Marcelo Ebrard. Y la tesis de que en población general ganaría Ebrard se ha desinflado: 35% quiere a AMLO y 34% a Marcelo.

A ello hay que agregar las derrotas políticas que, en los últimos días, ha sufrido el falso izquierdista, como está ocurriendo con la malograda alianza con el PAN en el Edomex. AMLO se afianza.

Y en el PAN, la ventaja de Creel, si bien no es definitiva, sí es un espejo de que los panistas se inclinan por un personaje no ligado a Calderón —como sí lo son Vázquez Mota, Cordero, Lujambio, Heriberto Félix o Lozano—, y que pertenece a otro grupo político: al de Fox. No hay confianza hacia los hombres del Presidente.

Pero lo sorprendente es ese 43% de panistas que prefieren a un no panista como candidato a la Presidencia. Esa es la sorpresa. Esa es la nota. Y no debe soslayarse.

Ahí te hablan, Juan Ramón.

ARCHIVO CONFIDENCIAL

* Nadie entiende, aunque lo intente, el dolor del poeta y escritor Javier Sicilia. Nada hay más doloroso que perder a un hijo, como ocurrió con Juan Francisco Sicilia, ejecutado, junto con otras seis personas, en la violenta Cuernavaca, que se suma a Ciudad Juárez y a Monterrey como ciudades controladas por la violencia y el narco, con vacío de autoridad. Hoy se sabe que Gabriel Alejo y Luis Antonio Romero Jaimes, amigos de Juan Francisco, habían sido asaltados y, por ese motivo, se reunieron con el ex militar Álvaro Jaimes Avelar, tío de Luis. Allí estaba Sicilia. Comieron en el restaurante La Rana Cruda y, al salir, fueron levantados. Sus cadáveres, con signos de tortura, hallados en el fraccionamiento Las Brisas. “Las guerras terminan en pactos”, dijo el escritor, aludiendo a pactar con el narco. Por su sufrimiento, Sicilia merece ser escuchado, más que criticado. Cierto: la guerra contra el crimen la siguen perdiendo inocentes y civiles. Algo está fallando en la estrategia. Allí están los casi nueve mil mexicanos muertos sin identificar. Lo que hoy viven Sicilia y muchos más es motivo de indignación y reflexión, sobre todo, para los gobernantes. Y si algo se debe cambiar, que se cambie.

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