Pacto de impacto

Javier Sicilia dejó de escribir poesía. Fue su decisión. Mañana, con la métrica del dolor y la indignación, habrá comunicado a miles el mensaje de un padre huérfano de su hijo. Si me permite la palabra. Sicilia ha calificado a la indignación. “Estamos hasta la ...

Javier Sicilia dejó de escribir poesía. Fue su decisión. Mañana, con la métrica del dolor y la indignación, habrá comunicado a miles el mensaje de un padre huérfano de su hijo. Si me permite la palabra.

Sicilia ha calificado a la indignación. “Estamos hasta la madre”. Es la prosa simple de un mexicano harto de la violencia y tocado por la estela del infortunio.

Reclama a los políticos “por desgarrar con sus luchas el tejido de la nación”. También confronta a los criminales “por su violencia, su pérdida de honorabilidad, su crueldad y su sinsentido”. Hubo un antes, dice, en que ciudadanos y familiares eran intocables aun para los más crueles delincuentes.

Javier Sicilia tiene el alma rota. Su verso más conmovedor sólo dice: ¡Ya basta! Es un grito. El periodista Rafael Cardona expresa con claridad: “Pues sí, ahora sabemos tanto sobre el infierno como nunca antes temimos saber, es cuando necesitamos como jamás a la poesía, a la inteligencia, a la cultura, al amor, a la justicia, a la bondad”. Para las cinco de la tarde de mañana se anuncian marchas no sólo en Cuernavaca. También en Puebla y el DF. La convocatoria se difunde por las redes sociales. Interesa a muchos estudiantes y twitteros que la reenvían a otras ciudades golpeadas por formas parecidas de violencia. Los mensajes vuelan a Monterrey, Guadalajara, Juárez, Reynosa, Acapulco… A más de medio país. “No hay guerra que no termine en un pacto”, dice Sicilia. Su reflexión es audaz. Algunos le hacen ver que se fue hasta la cocina. Le responden con otra pregunta: ¿Puede pactarse con la insolencia de una criminalidad desbordada?

El gobierno de Morelos respinga: “Nunca pactaremos con el narco”. Alejandro Martí, de S.O.S, es más preciso: “Quiero entender que el llamado de Javier Sicilia es a las bandas para que regresen al pacto de honor que tenían, cuando no se metían con inocentes (…) Pero si (Sicilia) dio a entender que urge un pacto con los delincuentes, se equivoca; eso es imposible e impensable”.

La investigación de la Procuraduría de Morelos nació atorada en contradicciones. El 1 de abril el procurador de esa entidad aseguró tener indicios de los homicidas de los siete jóvenes masacrados. Entre ellos, el hijo del periodista-poeta. Sospechaba de gente de la propia dependencia. Adelantó que existía una orden de aprehensión contra un agente de la policía ministerial. En su versión más reciente, sostiene que hay varias manos criminales, pero “no de autoridades”. Sólo él sabe por qué dice lo que dice. Entre amigos y familiares de cuatro de los siete jóvenes asesinados, trascendió que las víctimas habían sido asaltadas hace poco y ellos iban a poner una denuncia. Enterados los verdugos de tal decisión, decidieron impedirlo de la manera más vil. ¿Cómo lo supieron? ¿Serán policías? Esta versión es línea de investigación. El hecho es que los siete fueron secuestrados después de las 11 de la noche del 27 de marzo. Habían bebido cerveza en un bar de la colonia Cantarranas. Los cadáveres fueron hallados a la mañana siguiente dentro de un automóvil. No hubo huellas de disparos. Murieron asfixiados. Cuatro días le llevó al gobernador Marco Antonio Adame reaccionar por este caso. Lo hizo sólo después de la condolencia telefónica que recibió Sicilia del presidente Calderón. Entre los deudos se fortalece la propuesta de crear un grupo de coadyuvancia con el Ministerio Público. Abogados cercanos a ellos estarían pendientes del caso, paso a paso, hasta esclarecer los hechos, identificar y aprehender a los asesinos. Hasta que se haga justicia.

MONJE LOCO. En la ciudad de la eterna balacera, la narcoviolencia y la violencia a secas tiene un antes y un después. El parteaguas ocurrió el 16 de diciembre de 2009. Tiene nombre, apodo y apellido. Arturo El Barbas Beltrán Leyva. Ya se sabe, ya se supo.

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