Wikiloosers

Julian Assange parece un kamikaze más antiyankee que un verdadero promotor de la información.

La renuncia del embajador Carlos Pascual a causa de los cables filtrados de WikiLeaks nos obliga, como mexicanos, a revisar quiénes están en la lista de afectados por los cables y por qué.

La revista Foreign Policy acaba de publicar precisamente un listado con estos nombres.

Para Charles Homans, editor de Foreign Policy y autor del artículo, el primer perdedor de WikiLeaks es Bradley Manning, el soldado estadunidense que le dio los cables a Julian Assange, y que hoy se encuentra en una cárcel, aislado y, según reportes, recibiendo un trato poco más que amargo de sus presidiarios. Su sentencia está pendiente y se prevé le dicten pena de muerte o cárcel de por vida. Escenarios sombríos, sin duda.

Evidentemente Assange está incluido entre los perdedores... hasta el final de la lista, con lo que yo estaría en desacuerdo. Aunque el australiano ha ganado más que sus 15 minutos de fama mundial con su búsqueda de la apertura total de lo que las autoridades se dicen, hoy WikiLeaks se encuentra en peligro de seguir funcionando y Assange ha quedado a deber una explicación sobre su exigencia de transparencia tan dispareja y subjetiva.

¿Por qué exige esta transparencia sólo a la diplomacia estadunidense? ¿Dónde están los documentos de la diplomacia de Hugo Chávez, Ahmadinejad, los Castro y demás “blancas palomitas”?

Mientras estas preguntas queden sin responderse, Assange parece un kamikaze más antiyankee que un verdadero promotor de la información.

En el ámbito político, el primer diplomático en perder su chamba por las revelaciones de los cables fue el jefe de la oficina del ministro del Exterior alemán, Helmut Metzner. Desde la embajada de Berlín se enviaron a EU una serie de detalles sobre negociaciones en el gobierno de Angela Merkel que gustosamente les daba esta joven promesa del Partido Democracia Libre y que ahora, por ello, ha perdido su trabajo. En esa misma tesitura está el ex embajador de EU en Libia, Gene Cretz. Su caso es distinto al del embajador Carlos Pascual, ya que, aunque sus comentarios detallando las excentricidades de Gadhafi disgustaron al dictador, Cretz no renunció a su puesto. Fue llamado de vuelta a Washington y ahora ha estado viajando a El Cairo para dar detalles al Departamento de Estado sobre los rebeldes y su situación en Libia.

De alguna forma, con WikiLeaks, Cretz ganó perdiendo. Su salida se iba a dar con o sin WikiLeaks, tomando en cuenta la coyuntura actual, pero gracias a ello, hoy el diplomático es una pieza valiosa para la inteligencia de EU. Algo que seguramente veremos repetirse en el caso de Carlos Pascual, quien al regresar a Washington seguirá no solamente dando su visión de lo que sucede en la lucha en contra del narco en México, sino aportando input y girando instrucciones desde un elevado puesto en el Departamento de Estado para lidiar con la situación.

Otros golpeados por WikiLeaks son Ben Ali, que cayó como dictador de Túnez por la cantidad de corrupción de él y su esposa ventilada en los cables. Foreign Policy se olvida de incluir en este sentido a la ex canciller francesa, Michele Alliot Marie, quien perdió su trabajo precisamente por la cercanía personal que tenía con Ben Ali.

También entre los golpeados está Rudolf Elmer, el ex banquero de Islas Caimán quien se quiso sumar a la cruzada de Assange entregándole registros bancarios. Sin embargo, las leyes sobre violación del secreto bancario lo tienen hoy refundiéndose en la cárcel.

En Perú, la cercanía con los enemigos perfectos de casi todos los políticos que quieren participar en la próxima campaña presidencial ha golpeado parejo. Desde el acercamiento de Ollanta Humala (el AMLO de Perú) con Hugo Chávez o el de los otros dos candidatos, el ex presidente Alejandro Toledo y el ex primer ministro Pedro Pablo Kuczynski con Estados Unidos, WikiLeaks ha demostrado que Perú se encuentra todo menos aislado de los intereses internacionales.

 @AnaPOrdorica

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