La clase media va al paraíso
Cerca del 60% de los trabajadores mexicanos, es decir, 25 millones de personas, recibieron menos de cinco mil 500 pesos al mes.
Esta semana el Gobierno Federal celebró un acto en el Museo de Antropología para dar su versión sobre los datos contenidos en el Censo de Población y Vivienda 2010, elaborado por el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI). Como ha sido tradicional en este régimen sólo se mencionaron los datos que a su juicio son positivos, destacando su oficina de prensa que somos ya un país de clase media puesto que en la mayoría de hogares hay televisión, refrigerador, auto y computadora.
Así de sencillo, en nuestro país la clase media ha llegado al paraíso. Hablando de las remuneraciones que perciben los mexicanos omitió, como es tradicional, indicar que cerca de 8% de las personas que laboran lo hacen sin percibir ningún ingreso. Estamos hablando de más de tres millones de habitantes. Asimismo, según los datos del censo, 3.3 millones de mexicanos percibieron ingresos hasta por un salario mínimo, nueve millones percibieron entre uno y dos salarios mínimos y cerca de 8.9 millones percibieron entre dos y tres salarios mínimos. En resumen, cerca del 60% de los trabajadores mexicanos, es decir, 25 millones de personas, recibieron menos de cinco mil 500 pesos al mes, pero oficialmente ya son de la clase media.
Solamente 1.8 millones de mexicanos perciben salarios superiores a 10 salarios mínimos. Según la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos, entre 2000 y 2010 el salario mínimo real perdió el 4%, es decir, ni siquiera se igualó al índice inflacionario en 10 años.
Sería conveniente que se explicara el contraste de cifras exitosas del gobierno, con los datos también oficiales que tras la crisis de 2008 hay 47 millones de personas en pobreza. Algo pasa con las cifras que no checan.
Otro dato preocupante que arrojó el censo, es que hay cinco millones de viviendas desocupadas. A pregunta expresa al presidente del INEGI sobre las razones de ello, contestó que no sabía el porqué. Se pueden adivinar varias respuestas, como que las han abandonado por la actividad de las mafias del narcotráfico, ya que dichas viviendas se concentran en los estados de mayor actividad de éstas o que con los salarios de clase media de los trabajadores es imposible tener acceso a dichas viviendas.
Contrariamente a lo que dice la propaganda oficial, la realidad mexicana habla de un empobrecimiento de la mayoría de la población a pesar de tener auto o televisión, indicadores que por cierto no reflejan la angustia diaria de los trabajadores porque no les alcanza para cubrir sus necesidades básicas. El aumento grotesco del salario mínimo de este año, no mayor al 4%, es una muestra de ello.
PD. Al profesor Jesús Silva Herzog Márquez no le gustó mi artículo de la semana pasada y en una carta que envió a nuestro periódico, misma que fue publicada íntegra, por cierto mi artículo contenía cuatro mil 25 caracteres y su carta es de más de cinco mil 700, hace algunas aseveraciones que yo no hice, tales como el descalificarlo por sus apellidos. Mi intención era la contraria, ya que en su caso reconozco los valores éticos de su abuelo y en ello no hay nada de “mezquino”. Mi artículo no es como mencionó un “discurso intelectual disfrazado”. Lo que escribí es que parece que ni él, ni otros, aprueban nada de lo que se hace en la UNAM o de lo que declara el rector.
Por lo que se refiere a la supuesta tardanza del rector, según él, en condenar la irrupción de unos cuantos en la visita del senador Labastida a la Facultad de Economía, acto que como dije es condenable, le informo que el rector manifestó su rechazo al día siguiente en una conferencia de prensa en la Universidad Juárez de Tabasco y días más tarde en una entrevista con los medios en el campus de la UNAM en Cuernavaca sin embargo, tal como lo mencioné, los medios publican lo que les parece.
Lo que le insisto al profesor, es ser más objetivo en los juicios sumarios que realiza sobre las acciones de la Universidad Nacional Autónoma de México.
