Lo dado y lo construido 1 (Parte IV)
Supermujer: Obsesión= Nº. 1 “Hoy en día a las mujeres las bombardean con el mensaje de que deberían convertirse en supermujeres. Además de tener un cuerpo perfecto, deben de alcanzar el éxito profesional, tener un matrimonio ideal y ser madres modélicas y unas ...
Supermujer: Obsesión= Nº. 1
“Hoy en día a las mujeres las bombardean con el mensaje de que deberían convertirse en supermujeres. Además de tener un cuerpo perfecto, deben de alcanzar el éxito profesional, tener un matrimonio ideal y ser madres modélicas y unas amantes multiorgásmicas. Y, ya de paso, poner un pie en la luna.”(Lucía Etxebarria, 2005)
Si puede verlo así ¿Virtuosismo o causalidad?, lo cierto es que hoy las Súper-Mujeres o Mujeres Maravilla están por sucumbir al contrato irracional de ser lo que eran por destino ajeno y propio. Para ellas, para todas, alcanzar su máxima expresión comienza a ser extenuante... Y el que mucho abarca, poco aprieta o poco alcanza… ¿o no?
El término Súper-Mujer o Superwoman lo creó Marjorie Hansen Shaevitz2 en su libro The Superwoman Syndrom, en 1984. Ahí, atinadamente, hacía público el futuro de las mujeres que la segunda ola del feminismo de los 80 advirtió con el nombre de Superwomenhood. La Superwoman es aquella mujer que trabaja duro para manejar sus múltiples roles como profesional, estudiante, voluntaria y ama de casa.
El síndrome ocurre cuando se desea a toda costa perseguir las metas tanto en el rol tradicional dado a las mujeres, como las metas masculinas en lo que a trabajo y status social se refiere y que además son su derecho innegable.
Según Sue Barton, sicóloga del Departamento de Familia del UC Davis Medical Center de Estados Unidos, por definición, las “Súper-Mujeres” son personas a las que les cuesta delegar responsabilidades, “tienen altos estándares y desean que las cosas sean hechas a su manera. Cuando otros hacen el trabajo de otra forma, ellas tienden a enojarse o decepcionarse porque piensan que ellas podrían haberlo hecho mucho mejor”. Por consecuencia, esto les genera frustración, estrés, agotamiento crónico, patologías gástricas y nerviosas, así como, trastornos más graves como insomnio, trastornos alimenticios, e incluso la farmacodependencia que poco a poco van colaborando al desastre total de su sistema inmunológico.
No les ocurre a todas y nunca se puede generalizar, pero las estadísticas crecen más cada día. La Súper-Mujer contemporánea se encuentra sumida en un círculo vicioso de perfección e insuficiencia. La transición de la mujer a la vida pública, su visualización en todas las esferas, su reconocimiento en todos los ámbitos parece devolverlas a su estereotipo de histeria y vulnerabilidad de siglos pasados.
Lo construido socialmente está mermando el sentido invicto de su lucha por superarse. Este sentido de búsqueda incansable por la perfección y el excesivo cumplimiento afecta su salud mental y física, esto, ya lo preveían las feministas de los 80, al afirmar que este fenómeno no sería viable a largo plazo si no llegan a existir a la par, condiciones sociales y culturales que les permitan operar esta nueva vida, condiciones tales como: redefinir valores de género, estilos de vida y estructuras institucionales y demás necesarias, con el fin de satisfacer exitosamente su vida pública y privada sin que necesariamente tengan que sacrificar una o la otra.
Estas mujeres son el receptáculo de lo viejo y lo nuevo de la identidad femenina. Y sea como sea, es la realidad perturbable de no haber aprendido a decir no, monosílabo más escuchado y menos practicado por las mujeres, en su mente, en su discurso siempre es sí con muy pocas reservas.
Los expertos dicen que una de las cuestiones más trascendentales para que las mujeres terminen por acogerse a este síndrome se refieren a una debilidad latente de ser en función del otro, atender, ser servicial, cumplir, proteger, cuidar, y al mismo tiempo esto que les es natural, lo dado, termina por ofrecerles de alguna manera, respuesta a sus máximas carencias históricas de reconocimiento, libertad, independencia y autonomía.
Aplausos meritorios pero aún poco reconocidos al interior de sus hogares y fuera de ellos… finalmente no se sabe si suman o restan a su autoestima, porque siempre se vuelve al pensamiento de la insuficiencia… a no sentirse suficientemente inteligentes para llegar a lo más alto, a no ser lo suficientemente delgadas, bellas, exitosas, buenas amantes, esposas, hijas, madres, personas… lo interesante es que este juicio ha sido igualmente construido por ellas y por el entorno que no cesa de negarles su encumbramiento.
Estas mujeres tienen una química especial innegable, de alabanza y de clínica. Porque no hemos podido como sociedad unirnos a la equidad social hacia el interior de los hogares y hacia la convivencia pública. Acierta el presidente Calderón en su discurso del Día Internacional de la Mujer 2011 cuando señala que el desarrollo y la lucha ha sido de las mujeres. Es cierto, solas han tenido que hacerlo y lo siguen haciendo.
La cura de este síndrome —y llamémosle así, porque no hemos podido verles el rostro relajado y la vida facilitada— está lejos de solucionarse, al contrario. Mientras no existan las medidas personales, sociales y públicas que apoyen a la mujer,—y las llamadas normas positivas cubiertas—, difícilmente podrán seguir haciéndose cargo de todo al 100% porque se habrán perdido a sí mismas. ¡En qué lugar de la inteligencia cabal y aplaudida de estas mujeres, se encuentra la luz que les permita discurrir que están siendo igualmente víctimas de lo que otros han construido para ellas!, eso es algo que aún no se ha podido concluir.
Todo apunta a que mientras no se exijan las medidas necesarias y se construyan nuevos códigos sociales y culturales de género, tarde o temprano tendremos una sociedad enferma, porque la inexistente perfección es extenuante y el sentimiento de insuficiencia incapaz de superarse.
Supermujer: Obsesión Nº 1 = Perfección.
* Egresada de la Maestría de Periodismo de la Universidad Anáhuac México Sur. Licenciada
en Derecho por la Universidad Iberoamericana. Maestra en Ingeniería en Imagen Pública.
Con estudios de Postgrado en el Programa Universitario de Estudios de Género. PUEG/UNAM.
Twitter: @paolaboullosa / Email: paolaboullosa@hotmail.com
1 Este título hace referencia a la obra de Simone de Beauvoir en 1949 El Segundo Sexo, de dónde nace su famosa frase “No se nace mujer, se llega a serlo”.
2 Directora del Instituto para la Familia y las Relaciones, en La Jolla, Estados Unidos.
