Fachadas mexicanas

Conapred ha comprendido la magnitud del problema de la discriminación.

Decía Mauricio González de la Garza que México es un país racista, clasista y aristocratizante. Uno de los signos que dan esperanza para construir un país mejor, menos injusto, más solidario, es que desde el año 2003 contamos con un Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. El Consejo originalmente fue presidido por un mexicano extraordinario, Gilberto Rincón Gallardo, quien honrosamente ostentó el cargo hasta que murió en 2008.

Entre el bien que don Gilberto hizo se encuentra haber promovido, en 2005, junto con la entonces Secretaria de Desarrollo Social, Josefina Vázquez Mota, la primera Encuesta Nacional sobre la Discriminación en México, a la que se siguieron otros estudios.

Actualmente, Conapred tiene a Ricardo Bucio como su presidente y ha comprendido la magnitud del problema de la discriminación. Para combatirlo, encargó a la UNAM la segunda Encuesta Nacional sobre la Discriminación.

Como la primera encuesta, la de 2010 demuestra de manera clara que los mexicanos somos un pueblo de fachadas; una sociedad que dice no discriminar, pero en la que la discriminación toma múltiples formas, se expresa en distintos espacios y se esconde en prácticas que consideramos inocuas o normales.

Nos cuesta trabajo admitirlo, pues hemos construido la falsa imagen de una sociedad igualitaria, en la que el racismo no existe pero vivimos una paradoja. Somos un país racista. Se usan expresiones como “negro”,  “zambo”, “indio”, “naco”, “payo” y otras similares para descalificar a quienes nos rodean. Excluimos por la apariencia. La pobreza, por ejemplo, está mucho más concentrada en los indígenas y en los descendientes de los pueblos africanos traídos a México durante la colonia. Tanto así que Conapred nos informa: 74% de los afromexicanos no tienen acceso a servicios de salud.

Conapred nos dice que a pesar de que casi dos terceras partes de los mexicanos nos consideramos morenos, 54.8% dice que en México nos insultamos según el color de nuestra piel.

Siete millones de indígenas y cerca de medio millón de afromexicanos están expuestos a maltrato, marginación y rechazo. Dicho de otro modo, 76% de la población indígena del país sufre de pobreza multidimensional extrema o moderada, proporción mucho mayor que el 44% de la población total que padece alguna de esas dos formas de pobreza.

La discriminación que padecen los mexicanos que pertenecen a alguno de nuestros pueblos originales, así como los afromexicanos, les impide tener acceso igualitario a los servicios de salud y, lo que es más grave, sus hijos —que padecen serios problemas en las escuelas a las que asisten (cuando asisten)— también enfrentan problemas al presentar exámenes como la prueba ENLACE, que Conapred no descarta del todo, pero pide que se adecue a las realidades tan difíciles que enfrentan indígenas y afromexicanos.

La situación en materia de ingresos no es mejor: 20% de las mujeres mayores de 12 años no tienen ingresos, a pesar de trabajar y 58% no recibe más de dos salarios mínimos al mes.

En general, la encuesta de Conapred nos ofrece una imagen desagradable de nosotros: en México, la discriminación racial es un hecho y casi siempre la abordamos con hipocresía, lo que hace más grave el problema, pues profundiza las desigualdades e impide “la cooperación y el respeto a la dignidad de todas las personas”. Como decía Octavio Paz: “lo que le hace falta a México es la aceptación de la pluralidad”.

*Analista

manuelggranados@gmail.com

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