La fuerza del delfín en tierra
En Múnich 72 Nicolai Andriánov le dio un giro a los ejercicios en tierra.

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
El coraje y el esfuerzo muscular de miríadas de jóvenes, pintan de vivos colores la escena olímpica. Después de la Segunda Guerra Mundial se acentuó el interés por el deporte y en esta corriente de vital alegría, la lucha de los atletas de Rusia y Estados Unidos, que ocupó singular posición en el vértice agonal, se vio matizada por la Guerra Fría.
De Helsinki 52 a Barcelona 92, el deporte de Rusia fue superior al de Estados Unidos. El punto cenital ruso ocurrió en Montreal 76 —cuatro años después de aquella hazaña con el célebre enceste de Alexander Bélov, en Munich, en territorio alemán que jugó un papel histórico en la fragmentación mundial—, y que tendría resonantes repercusiones en los Juegos.
En Montreal, rusos y atletas de la RDA, eclipsaron en la palestra a EU. En orden el oro se repartió de la siguiente manera: 48-34-31. Acaso la decisión del presidente Carter con el boicot a los JO de Moscú impidió que se lastimara más el orgullo e imagen deportivo de EU, visto naturalmente con el prisma político, pues los deportistas norteños estaban deseoso de ir a competir.
En aquellos 40 años los rusos dominaron siete ediciones y cuatro los estadunidenses. Los medios de comunicación extranjeros y nacionales distorsionaban los acontecimientos. Por encima de todo se magnificaba la actuación de las luminarias norteñas que sin lugar a dudas eran extra clase; a cambio se eclipsaba a los astros soviéticos y principalmente el éxito global.
Durante la Guerra Fría, corría la versión humorística de que un periodista estadunidense al observar que en la competencia estelar un ruso ocupaba el primer sitio y el atleta de EU, el segundo, con el fin de disfrazar el resultado en un acto de ingenioso malabarismo escribió: ¡Estados Unidos, 2o lugar!, ¡Rusia, terminó en penúltimo!
Con el fallecimiento del gimnasta Nikolai Andriánov el pasado 21 de marzo, tal vez sea necesario precisar un par de puntos. En Múnich 72, Andriánov le dio un giro a los ejercicios en tierra, presentó una rutina dinámica, elegante, vistosa. Ganó el título en el piso sobre los japoneses Sawao Kato y Enzo Kemmotsu. La figura de la gimnasia en Múnich y México 68 fue Kato.
En Montreal, Andriánov ganó medallas de oro en el concurso individual, en salto del potro, en anillas y en ejercicios en tierra. Recuperó la hegemonía de la escuela rusa. Finalizó su legendaria carrera con 15 medallas olímpicas, siete de oro, cinco de plata y tres de bronce. Se le estima como el más grande gimnasta del siglo XX.
Algunos apuntan que Michael Phelps fue el primero en ganar ocho medallas, que fueron de oro, y que superó el récord de Andriánov. Comparación forzada, pues Phelps logró su racimo en una sola justa. Y tiene un total de 14.
Con este enfoque el primer hombre en ganar ocho medallas no fue Phelps sino otro gimnasta soviético: Alexander Dityatin con tres oros, cuatro platas y un bronce.
En Moscú 80 en un día Dityatin hizo algo singular: ganó seis medallas, lo que nunca hizo ni hará Phelps. Pero hay una enorme diferencia entre el deporte de habilidad con el de marca. Como la fuerza del delfín en tierra…diría Plutarco.