Ebrard se desinfla; Los Pinos vs. el PAN
En unos cuantos días, a Marcelo Ebrard se le diluyó, como arena entre los dedos, la candidatura presidencial. A su innegable derrota tras la llegada de Dolores Padierna a la Secretaría General amarilla, la tunda que López Obrador le asestó con la fallida alianza PANPRD ...
En unos cuantos días, a Marcelo Ebrard se le diluyó, como arena entre los dedos, la candidatura presidencial. A su innegable derrota tras la llegada de Dolores Padierna a la Secretaría General amarilla, la tunda que López Obrador le asestó con la fallida alianza PAN-PRD en el Edomex, dejó a Ebrard en una posición de incongruencia, debilidad y sumisión.
Incongruencia, porque primero apoyó, a muerte, la alianza, y luego, doblado por AMLO, arrinconado por Padierna y Bejarano pero, sobre todo, vencido por el peso histórico de un maridaje político que, si bien ha logrado triunfos, también deberá asimilar derrotas, tuvo que agachar la cabeza y repetir la frase que tanto se ha escuchado durante más de cuatro años en el GDF: “Sí, Andrés”.
Debilidad, porque, hoy, nadie duda quién manda realmente en el PRD. El verdadero jefe es Andrés Manuel López Obrador y él será, sin duda, el candidato de las izquierdas en 2012. Incluido el PRD.
Sumisión, porque en el momento en el que el falso izquierdista le levantaba el brazo a Alejandro Encinas al respaldarlo como candidato de las izquierdas —sin el PAN— a la gubernatura del Edomex, en realidad le izaba la mano a AMLO, reconociendo su liderazgo y jefatura política.
¿Con qué cara verán Ebrard, Zambrano, Ortega, Camacho, Madero y compañía a los 250 mil ciudadanos que votaron por el “SÍ” a la alianza PAN-PRD en el Estado de México? Los burlados realmente fueron los votantes y los organizadores, quienes actuaron de buena fe. Olvidaron que los políticos no suelen cumplir promesas.
A este esfuerzo ciudadano —que aplaudimos desde esta columna—, el PRI lo minimiza y lo califica de “error y poco representativo”. Se equivoca la soberbia priista. El del domingo fue un acto ciudadano loable, sano, independientemente del efecto político. Fueron 250 mil mexicanos que votaron libremente, sin necesidad de recibir sándwich o refresco, como acarreados tricolores. Curiosamente, es la misma cifra de votos que decidió la elección presidencial pasada.
En el PRD, el liderazgo de AMLO aplasta a Ebrard. El tabasqueño ha doblado a Marcelo, quien inicia muy cuestionado su carrera por 2012.
En reunión de amigos realizada en el corazón de la Zona Rosa, un membrete llamado Equidad y Progreso confirmó que Marcelo iniciaba su campaña presidencial. Tiene derecho. Pero que sea ético y pida licencia como jefe de Gobierno del DF, que necesita a un funcioario de tiempo completo. Además, que deje de utilizar recursos públicos para su campaña y se busque patrocinadores.
¿Cuál sería la ruta alterna de Ebrard? Aquí lo dijimos desde el pasado 25 de febrero: “Que AMLO sea el candidato presidencial y Marcelo designe al abanderado para jefe de Gobierno, buscando para él mismo una senaduría y enfoque sus baterías para 2018”.
No nos hagamos bolas: AMLO manda en el PRD.
ARCHIVOS CONFIDENCIALES
* La relación entre el panista Calderón y su partido está en punto menos que ruptura. La fallida alianza en el Edomex los ha evidenciado. Primero: cuando la secretaria general del PAN, Cecilia Romero, balconea al Presidente quien, según ella, habría ordenado en Los Pinos que siguieran empujando dicha alianza con el PRD, no debe tomarse como una indiscreción de la panista. Fue una frase calculada y dicha con toda la intención política. Segundo: el desmentido del secretario presidencial, Roberto Gil, no tiene precedente: el vocero del primer panista del país exhibiendo como mentirosa a la dirigencia de su partido. Tómala. Tercero: en nada ayudó la “aclaración” de Gustavo Madero, quien fiel a su ambigüedad, confundió más al señalar que todo se había tratado de una “interpretación personal”. ¿Lo ordenó o no el Presidente? Eso es lo que debió aclarar. El fondo es el profundo alejamiento de Calderón con el PAN, su postura —aunque no le falta razón ni argumentos sólidos— para alertar por la carencia de aspirantes panistas “claros o potentes” para 2012, e insistir en un candidato no panista. Pero a ese debilitamiento de cuadros ha contribuido Calderón al gobernar con amigos y marginar a panistas que, hoy, podrían servirle de aliados. Y al PAN el tiempo se le acaba.
* LA OSCURA ALANÍS. Por encima de las disputas político-partidistas, hay algo que no debemos ignorar: que la presidenta del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, María del Carmen Alanís, discutiera en su casa el asunto de los spots de Peña Nieto y su presunta violación constitucional, junto con el consejero del IFE, Marco Baños, y representantes del PRI. Es un precedente preocupante y nefasto. ¿Ese va a ser el árbitro electoral en 2012 que, en chorcha íntima, decide, desde ahora, las penalidades electorales? Dice la secretaria general del PRI, Cristina Díaz, que no hay pruebas de que hubieran hablado del caso Peña Nieto. Qué ingenua. Ni modo que hubieran comentado de la visita de Paris Hilton.
