Los tacones tienen precio

¿Cómo afrontar una sexualidad sana, libre de culpas y llena de satisfacciones?

¿Será verdad que el sexo es la moneda del siglo XXI? ¿Será eso cierto? ¿Estamos devaluando la sexualidad y perdiendo la dignidad en el siglo XXI? No puedo evitar pensar que dicha premisa me podría parecer un tanto retrógrada a primera vista, pero no me caracterizo por tener pensamientos anquilosados y mucho menos recatados. Por otro lado, el movimiento de los vírgenes en EU sigue reclutando adeptos, situación completamente opuesta a la tendencia sexual actual.

La devaluación está en uno mismo, no se trata de la cantidad de parejas sexuales que se hayan tenido en la vida, sino la manifestación de cada una de estas experiencias en nuestro espíritu. “Tener sexo por tener sexo es para los animales”. Es verdad que somos animales, pero nuestra ventaja (o desventaja) es que tenemos una razón que convierte el acto sexual humano en algo mucho más complejo. Conforme pasa el tiempo, el sexo pierde importancia en la vida de los jóvenes, las nuevas generaciones tienen sexo sin la información necesaria, las instituciones encargadas de la educación en México no se preocupan por tener programas de orientación sexual adecuados, es más, la sexualidad debería estar dentro de la tira de materias a partir de la secundaria. Los colegios religiosos transmiten conocimientos según su doctrina, sin entender que judíos, católicos, cristianos y budistas tienen sexo por igual. El gobierno no se preocupa lo suficiente por transmitir conocimientos sobre sexualidad ni se gasta lo suficiente en campañas para prevenir embarazos a corta edad y la transmisión de enfermedades venéreas; pero más importante aún, todos olvidan la parte fundamental que deben enseñar y es: ¿cómo afrontar una sexualidad sana, libre de culpas y llena de satisfacciones?

Nos educan para protegernos, pero no para divertirnos y comprender lo que la sana sexualidad es, son muy pocas las personas que tienen una vida sexual equilibrada, hay cientos de mujeres frígidas, hombres impotentes y parejas insatisfechas por la basura que nos han metido en la cabeza. Todos los seres humanos tenemos derecho a disfrutar una sexualidad natural, a expresarnos con nuestro cuerpo sanamente, pero la sanidad sexual se busca, no se da en los árboles ni se la encuentra uno por casualidad.

El sexo es una moneda devaluada que pasa por una crisis diferente según la generación que la enfrenta. Hoy, los chicos tienen sexo porque desde muy pequeños tienen acceso a información que les prende el horno sin un manual de usuario. Ellos son receptores de imágenes que les despiertan la sexualidad a edad temprana, y si a eso le sumamos que no hay nadie que los guíe, pues es una fórmula parecida a la de la Coca-Cola y los mentos.

Esa es la sexualidad de hoy: una bomba de tiempo que puede explotar en cualquier momento y revolcar la vida del sujetito en cuestión.

Es por eso que, en aras de subir las acciones en la bolsa del sexo, debemos informarnos e informar a las nuevas generaciones correctamente. Hablando sobre sexo de una manera natural y como una función del cuerpo humano que bien puede ser un arma de doble filo.

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