Rosas: vuelta a casa…

Humberto Moreira, el presidente del tricolor, ha debido enfrentar diversas muestras de inconformidad al interior de su partido

Enrique Aranda

Enrique Aranda

De naturaleza política

Más allá de la estridencia (verbal) antigobiernista de que hace gala en cada una de sus presentaciones, nadie hoy, al más alto nivel del Revolucionario Institucional, parece ignorar que las filias y fobias de Humberto Moreira —“su particular modo de hacer y entender la política…”, diría alguno— acabarán poniendo en riesgo la actualmente incuestionable unidad del priismo.

En los últimos días, efectivamente, y más aún tras el encuentro que, “para diseñar la estrategia rumbo al 2012…”, tuvo con gobernadores y otros liderazgos, el presidente del tricolor ha debido enfrentar diversas muestras de inconformidad, particularmente de diputados miembros de su bancada federal, por “su política de apertura”  ante el eventual retorno al priismo de quienes, en el pasado reciente, dejaron sus filas para abanderar (electoralmente) a otras fuerzas”.

La molestia cobró forma, y fuerza, apenas difundirse la versión de que Moreira  habría recibido en sus oficinas de Insurgentes Norte a “su amigo”, José Rosas Aispuro, el derrotado candidato al gobierno de Durango por la alianza PAN-PRD-PT-Convergencia quien, palabras más o menos, le habría externado su decisión de “volver al redil tricolor…”, aunque se habría cuidado de no mencionar que, al menos de manera informal, sabía ya que la (supuesta) promesa panista-perredista de hacerle senador —plurinominal, obviamente— para el periodo 2012-2018 “está hoy en el aire…”

La referida revelación, afirman quienes dicen conocer lo que en verdad ocurre en el interior del tricolor, habría inconformado en tal forma a Francisco Rojas que habría buscado el apoyo del mexiquense Enrique Peña Nieto y, obvio, del gobernador Jorge Herrera, en funciones, y de su antecesor Ismael Hernández —acusado uno de financiar su campaña con recursos provenientes del secuestro, y de mantener nexos con el narco el segundo—, entre otros, para exigir, no sólo la cancelación del retorno de Rosas sino, en esencia, el inicio de su proceso de expulsión, lo que podría conseguir en los próximos días…

Fue, se explicaría más tarde, un movimiento suscitado al más alto nivel del Institucional para evitarse la vergüenza de reeditar en el arrepentido duranguense el proceso de reintegración que, ya en su momento, auspició y saludó el coahuilense: el del otrora célebre Juanito que, abandonado a su suerte por López Obrador, buscó y encontró refugio entre quienes aspiran a sumar para garantizar la vuelta a Los Pinos.

Asteriscos

* Más de uno entre los tricolores saludó con una irónica sonrisa el pronóstico de Genaro García Luna sobre el tiempo que seguirá el Ejército en las calles —tres años— y los siete que prevalecerá el actual entorno de violencia. ¿Será que se está promoviendo para seguir en la Secretaría más allá del fin del sexenio?, aventuró alguno…

Veámonos el domingo, con otro asunto De naturaleza política.

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