El silencio de los buenos
Esta ventana de abril pudo abrir hacia un jardín. Un pequeño gusto para compartirlo también con los lectores. Basta que florezcan las jacarandas. Sin embargo, no abriré esta ventana sin ver 59 cadáveres hallados en San Fernando, Tamaulipas. ¿Qué pasa? Pasa que las ...
Esta ventana de abril pudo abrir hacia un jardín. Un pequeño gusto para compartirlo también con los lectores. Basta que florezcan las jacarandas. Sin embargo, no abriré esta ventana sin ver 59 cadáveres hallados en San Fernando, Tamaulipas.
¿Qué pasa? Pasa que las noticias no han dejado ni un ratito de humedecerse con sangre. La paradoja ya ocurrió: el comisionado de Migración, Salvador Beltrán del Río, informó hace tres días sobre la aprehensión de ocho polleros tras la matanza de 72 migrantes centroamericanos en agosto de 2010 en ese mismo municipio. Ahora se descubren 59 cuerpos más.
Otro entierro clandestino masivo. Vuelve a cruzarse la dura realidad de la violencia. En los últimos 12 años, los especialistas gubernamentales de la seguridad pública han pedido todo. Y han tenido casi todo. Cuentan con reformas jurídicas y endurecimiento de las penas, arraigo tras una polémica reforma constitucional, testigos protegidos, operaciones encubiertas, intercepción de las comunicaciones, reversión de la carga de la prueba, decomiso de bienes… ¿Qué más quieren?
Ayer estrenamos un silogismo impecable: mientras más violencia veamos, será menos la que nos falte ver. Genial. Nos las receta esta vez Michele Leonhart, la directora de la Agencia Antidrogas de EU, la DEA. Su fórmula es para las ciudades y las calles de México. No ha de parecerle igual de aceptable para las de Nueva York, Chicago o Washington.
Los encargados de la seguridad siguen inmersos en el recital de las estadísticas. No aprecian que la calle también rinde informes. Todos brutales. Más perceptibles que los numeritos.
Periodistas, comunicadores, reporteros y editores estuvimos de acuerdo en erradicar del argot informativo los términos: levantón y ejecución. Era justo. Hablamos ahora de la privación ilegal de la libertad y el homicidio. ¿Se iniciarán por ello los necesarios expedientes de investigación?
Primero las autoridades están obligadas a respondernos: ¿Quiénes eran? ¿Cuándo murieron? ¿Quiénes los mataron? ¿Quién ordenó enterrar a los 59 de San Fernando? También exigimos saber el porqué. Llevamos más de dos sexenios reinventando corporaciones de policía. Ocho en crisis aguda. Fue indispensable llamar al Ejército para enfrentar la violencia criminal: la del narcotráfico, la de los secuestradores, los comerciantes de personas, la trata y extorsión de migrantes, la tala clandestina de árboles, la ordeña de ductos de hidrocarburos. Lo del chantaje a la sociedad. ¿Cuántos delitos federales más habrá que meter pronto bajo el manto color verde olivo?
La inveterada corrupción y falta de capacidad preventiva e investigadora de nuestras policías es tal, que hasta el almirante James Winnefeld, jefe del Comando Norte de los Estados Unidos, señala que en tareas de seguridad pública, en el Ejército Mexicano “apenas están aprendiendo a hacer esta clase de trabajo”.
Martin Luther King dijo hace 40 años: “No me preocupa el grito de los violentos, de los corruptos, de los deshonestos, de los sin ética. Lo que más preocupa es el silencio de los buenos”.
MONJE LOCO: El nombre de la jacaranda deriva de la palabra guaraní: jacarandá. Su flor violácea inspiró a Rafael Alberti “quiero pisar la nieve azul del jacarandá”. Sus hojas en infusión, no ingeridas, sino aplicadas localmente, tienen propiedades antisépticas y antibacterianas. Ya se sabe, ya se supo.
josecardenas@me.com / Twitter: @JoseCardenas1
