La historia de siempre

En materia de prevención de inundaciones en el Valle de México los habitantes más pobres de la región nada más no ven la suya.

Por más promesas que los gobiernos en turno hacen y por más compromisos que firman, incluso ante notario público, lo cierto es que en materia de prevención de inundaciones en el Valle de México los habitantes más pobres de la región nada más no ven la suya. A raíz de las fuertes lluvias del sábado por la tarde en el Distrito Federal y su zona conurbada, nuevamente se fracturó el tristemente célebre Canal de la Compañía, inundando decenas de viviendas asentadas en el Valle de Chalco, ese que se sigue hundiendo cada día y que por más obras que se construyen continúa desbordándose en la primera oportunidad.

Y es que la naturaleza nos sigue dando avisos en el sentido de que mientras no exista una nueva política de reordenamiento urbano con el fin de “despresurizar” el centro del país, las cosas en materia de infraestructura hidráulica, de transporte, recolección de basura, etcétera, cada día se pondrán peor ante la sobrepoblación que presenta el Valle de México.

Este nuevo incidente ocurre a casi dos meses de que el presidente Felipe Calderón y el gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, inauguraran la planta de bombeo La Caldera, ocasión en la que prometieron que ya no habría más inundaciones en la zona. Se presumió el pasado 9 de marzo que se trataba de la planta de bombeo más grande del país. Se aseguró que con ello se evitarían las inundaciones que con frecuencia afectan a los municipios de la zona oriente del Estado de México como Chalco y Valle de Chalco, entre otros. Se aseguró, entonces, que el Canal de la Compañía ya no presentaba fallas en sus bordos.

Pero ahora la explicación de las autoridades ante la nueva inundación de hace unas horas es que se trató de una precipitación “atípica”, como si con ello se justificaran las nuevas fallas en el sistema que volvió a registrar una fisura, ahora de 30 metros. Lo que sucede es algo que ya no pueden frenar las autoridades por decreto: cada año la zona registra hundimientos de casi medio metro, lo que daña constantemente la estructura del canal. De tal forma que no hay obra que dure mucho tiempo ante tal eventualidad, cuya única solución es sacar a todas las comunidades ahí asentadas y reubicarlas en áreas más seguras. Pero nadie quiere tomar la decisión política por los altos “costos”, también políticos, que ello traería, independientemente de los económicos.

En la Ciudad de México tampoco “cantamos mal las rancheras”. La lluvia y la granizada del sábado colapsó el drenaje de colonias ubicadas en delegaciones como Benito Juárez, Cuauhtémoc y Venustiano Carranza, principalmente, a pesar de que la autoridad asegura que constantemente le da mantenimiento a la infraestructura destinada al desagüe de la capital. Es verdad que se han hecho obras muy valiosas para evitar inundaciones de mayores proporciones, pero lo cierto es que una lluvia de casi cuatro horas seguidas con gran acumulación de hielo en las vialidades provocó severas inundaciones en una arteria vital para la circulación de oriente a poniente (y viceversa) del Distrito Federal.

Lo que esto nos debe dejar a todos, ciudadanos y autoridades, como lección a tomar en cuenta es que a la capital del país ya no le falta mucho para “reventar” si no se toman medidas de fondo para el reordenamiento urbano a largo plazo. Ya no bastan “parches” o medidas de corta visión para resolver los problemas más urgentes de la ciudad. Ya no se pueden utilizar las necesidades de la capital como “bandera política” en tiempos electorales. O nos ponemos todos “las pilas” o más temprano que tarde estaremos sufriendo las consecuencias, si no es que ya las tenemos frente a nosotros.

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