“Nos la van a recordar…”
Tenían ganas de festejar, de escuchar Las Golondrinas. Al panista César Duarte se le ocurrió incluso llevar mariachis para celebrar el cambio de sede en el Senado. Era la última sesión en la vieja casona de Xicoténcatl, antes de mudarse a la nueva sede. Atrás ...

Francisco Garfias
Arsenal
Tenían ganas de festejar, de escuchar Las Golondrinas. Al panista César Duarte se le ocurrió incluso llevar mariachis para celebrar el cambio de sede en el Senado. Era la última sesión en la vieja casona de Xicoténcatl, antes de mudarse a la nueva sede. Atrás quedaban 80 años de sesiones, debates, grandes reformas.
Pero la fiesta se les cayó. Los mariachis no sonaron. La fastuosidad del flamante edificio de Reforma 135 obligó a cancelar la celebración. Tuvieron miedo de las críticas, que de todas maneras les caerán en cascada.
El presidente Calderón optó por la prudencia. No asistirá a la “sesión solemne” convocada para inaugurar la nueva “casa del federalismo”, como la llama Manlio Fabio Beltrones. Blake Mora va en su representación. El primer mandatario argumentó “problemas de agenda” para explicar su ausencia.
Dos senadores fastidiaron la fiesta: Ricardo Monreal y Pablo Gómez. Los dos subieron a la tribuna a denunciar los excesos, los lujos, la incongruencia. Nadie les hizo caso. Al zacatecano le rechazaron una propuesta para cancelar la sesión solemne y retirar la invitación a las personalidades.
Justo es decir que la decisión de la mudanza no fue de esta Legislatura. Pero ellos la inauguran. Tendrán que pagar el costo.
El petista destacó la “gran incongruencia” de construir un edificio a todo lujo, con material importado, en un país con tanta pobreza y desempleo. El perredista recordó que el lugar ideal para el Senado era el Palacio Legislativo de San Lázaro. Allí comenzó a construirse en los albores de los noventa.
“Se perdió por la actitud aristocratizante —dijeron algunos— de aquellos senadores que no se quisieron ir a un barrio popular”, precisó Gómez.
Hizo notar también que el cruce de Reforma e Insurgentes no es el mejor lugar para poner el recinto del Senado, en un país donde la gente va a las cámaras, con frecuencia, a protestar o a pedir algo.
“Los automovilistas de esa parte de la ciudad, los que con frecuencia pasan por ahí, nos va a estar recordando, no muy afectuosamente, cada vez que esas avenidas sean bloqueadas”, anticipó.
Monreal balconeó los excesos: es un edificio con mármol y granito chinos, asientos italianos, muebles españoles. Lana que se fue al extranjero, cuando en México hay excelente ónix y mármol, empresas muebleras en quiebra y carpinteros de calidad desempleados.
El costo del edificio es un misterio. “No creo que haya alguien que lo sepa, salvo dos o tres senadores”, dijo el zacatecano.
En este espacio nos preguntábamos ayer si la ausencia de senadores en la toma de protesta de Eruviel Ávila, candidato del PRI al gobierno mexiquense, tendría algo que ver con la natural rivalidad interna entre los dos aspirantes a la candidatura presidencial del tricolor: Enrique Peña Nieto y Manlio Fabio Beltrones.
El legislador sonorense suele asistir a los eventos importantes de su partido y ése era uno. Su ausencia fue notoria y dio lugar a las más diversas versiones.
“Es un mensaje de Manlio a Moreira, que le hace trajes a la medida a Peña Nieto”, nos dijo, muy en corto, un senador del tricolor, quien hizo la crónica de cómo ha crecido la molestia del sonorense con el presidente nacional del PRI.
Todo habría comenzado a incubarse en el aniversario del partido, celebrado en Querétaro el pasado 4 de marzo. Ese día, Humberto Moreira asumió oficialmente la presidencia nacional del PRI, en sustitución de Beatriz Paredes, con el apoyo de Peña, pero también de Manlio.
El coahuilense de inmediato dio color. Acomodó el discurso a modo de que el gobernador del Estado de México se llevara el gran aplauso. El tiempo pasó. El color no cambió.
El nombramiento de Ricardo Aguilar como secretario de Organización del CEN del PRI fue la gota. En el entorno del senador sintieron que se rompía el equilibrio.
El “favoritismo” de Moreira quedaba rubricado con el nombramiento del ex presidente del PRI mexiquense en esa estratégica posición. Aguilar ya declaró públicamente que no va a trabajar para Peña. Ni él mismo se lo creyó.
El PAN va a impugnar la candidatura de Alejandro Encinas al gobierno del Estado de México, pero no va a hacer del asunto un casus belli.
El propio Encinas sabe de sobra que no cumple con los requisitos de residencia para postularse como candidato a gobernador. “Quiere victimizarse”, dicen en Acción Nacional.
Los panistas ya bajaron la palanca de alarma. Están conscientes de que un fallo de los tribunales en contra de Alejandro constituye un riesgo político importante. Sería una oportunidad para que Andrés Manuel López Obrador hable de un “desafuero a la mexiquense”. Los priistas no han dicho ni pío. Se acomodan a una situación que les conviene, aunque sea violatoria de la ley.