Darwin
El pasado domingo, después de que toqué con los Candy en el Vive Latino la canción que les produje, Despertar, en la conferencia de prensa me hicieron una pregunta: ¿qué opinaba de los horarios de los grupos nuevos en el festival? ¿no deberían estos ser diferentes ...
El pasado domingo, después de que toqué con los Candy en el Vive Latino la canción que les produje, Despertar, en la conferencia de prensa me hicieron una pregunta: ¿qué opinaba de los horarios de los grupos nuevos en el festival? ¿no deberían estos ser diferentes para así “apoyar” a las bandas no tan conocidas a sobresalir?
La pregunta vino después de que yo me hubiera explayado sobre la situación actual, un tanto precaria, para los talentos nuevos. Ya no existe disquera transnacional que apoye creadores emergentes, todos esperan a que los grupos generen sus grabaciones como puedan y, si alguien tiene éxito, tal vez venga el apoyo buscado. Esto causa que cada vez menos bandas sobrevivan, pues alternan su hobby (tocar en un grupo de rock) con un trabajo que les dé de comer. Hablé sobre la necesidad de que alguien: disquera, marca, mecenas, apoye al talento nuevo para que los músicos se puedan dedicar al ciento por ciento a su proyecto, a su creación. Difícil será que esos tiempos en los que la gente pagaba por una canción, vuelvan. Lo extraño es que todo lo que existe alrededor (estudios para grabar, ingenieros de audio, instrumentos, cables, comida) sigue costando dinero, y cada vez más.
A eso venía la pregunta de esta periodista: ¿por qué los grupos nuevos tocan más temprano? ¿por qué a algunos de estos grupos los ponen en el mismo horario que otras bandas más conocidas?
No sólo en el Vive Latino sucede esto. Si revisamos los carteles de todos los festivales que existen en el mundo nos daremos cuenta de que los grupos nuevos, los menos conocidos, aparecen en letra pequeña, tocando en los horarios cuando las puertas del local se abren al público, en el momento en que el sol está en su apogeo, cuando la gente está pensando más en esa cerveza fría que en los riffs de una guitarra.
La mayoría de los festivales de rock, o de música en general, se apoyan en grandes nombres, en bandas o artistas ENORMES que van a jalar a la mayoría del público a comprar un boleto y generar ganancias. Si se les preguntara a los organizadores de estos eventos, y fueran honestos al contestar, dirían que los demás grupos, los que están al final (o al principio, depende de la perspectiva) del cartel, están sólo de relleno.
No digo que todos los promotores de festivales sean iguales, lo peor que se puede hacer es generalizar, pero seguro que son pocos los que piensan en “ayudar” a las bandas nuevas. Pongo entre comillas esta palabra, “ayudar” porque en esto del rockanrol, aunque a una banda le den todo el apoyo necesario, lo pongan en el mejor horario, es indudable que al final los grupos sobresalen por sus propios méritos.
Los festivales se asemejan a la selva, al desierto, como los vemos en esos documentales del Discovery o Animal Planet. Todos luchando por sobrevivir en un mundo hostil, en donde hay estaciones más propicias para alimentarse que otras, en donde el clima es adverso o benigno. No nada más los seres más pequeños tienen que luchar para seguir con vida. Los más grandes, los llamados reyes de la selva, tienen que mantenerse en su trono de una u otra manera, y es sabido que nada es eterno: dentro de su manada llegarán los más jóvenes, los más aptos, para ocupar el lugar del macho Alfa en algún momento dado.
Los grupos que están tocando al principio del festival luchan por llegar a ser cabeza de cartel. Muchos fallecen en la escalada, más allá del apoyo externo que tengan. A veces los grupos se matan a ellos mismos sin ayuda de nadie. La lucha por el poder se da aún dentro de los mismos grupos. Las bandas que logran que sus integrantes se pongan de acuerdo son más aptas para sobrevivir. Quien toque mejor, quien tenga más canciones que le gusten al público, quien consiga un buen mánager tendrá más chance de vivir en esta “selva”.
TODAS las bandas que ahora están de headliners alguna vez estuvieron allá abajo del cartel, en letras pequeñas. Tal vez las bandas nuevas sueñen que su nombre se escriba con letras grandes, estar en el mejor horario del festival, pero si no son realmente conocidos ¿no sería un suicidio que les dieran ese privilegio?
El público es implacable y aunque un grupo lleve años reinando puede caer en desgracia en muy poco tiempo.
Ya me arrepentí de escribir todo esto ¿es tan feo el mundo del arte?
Lo bueno es que mientras más lucha hay, mientras más competencia existe, mejores resultados obtenemos los que escuchamos música.
Ojalá esta selva siga igual de hostil y los creadores resuelvan con buenas canciones su forma de sobrevivir.
