La república

¿Qué es ser republicano? Es una forma de realizar la vida pública de un pueblo en un territorio.

Un día como hoy, hace exactamente 80 años, España comenzó la más intensa de las experiencias de su larguísima vida política; al establecer la Segunda  República, se comprometió en una serie de reformas sociales, culturales, jurídicas y políticas que su actual democracia apenas equipara y, en algunos casos, aún no alcanza. Aquel sueño de ciudadanos, intelectuales, académicos, artistas y de todo un pueblo, pereció ahogado en un baño de sangre cuando un fragmento desleal de los ejércitos se alzó contra el poder constitucional, derribó al gobierno legítimo y sus instituciones y estableció una dictadura de terror por casi 40 años.

Pero la República no fracasó. Sus ideas se mantuvieron en el pensamiento y en la acción de muchos en la clandestinidad y en la transformación política, en la resistencia y en el campo abierto al momento de la transformación democrática de España. Se mantuvo también, aunque olvidada y relegada, en un enorme exilio que cubrió prácticamente todo el planeta y que supo, en su momento, dar frutos en los lugares donde se estableció. Pero queda, sobre todo, como un ejemplo de intento político, de sueño de civilidad por el que nos preguntamos, ahora, qué es ser republicano.

Una república es una forma de realizar la vida pública de un pueblo en un territorio; es algo que los mexicanos resolvimos cuando Juárez derriba al imperio invasor, culminando la construcción del Estado mexicano en el ya lejano siglo XIX; pero es, ante todo, una serie de valores cívicos, una moral y una ética laicas, un código de conducta política.

República es sinónimo de encuentro entre el mundo de lo público y de lo privado, donde lo privado se reserva a la libertad de los sujetos únicamente moderado por el interés de lo público, de lo que es de todos. Es también un modelo político caracterizado por el diálogo y la resolución pacífica de las diferencias, es decir, un modelo de tolerancia, inclusión y debate, en el que las decisiones se toman por mayoría, pero en el que se respetan las necesidades de las minorías.

Como institución democrática, al contrario de una monarquía o una dictadura, la república no se fundamenta en el carácter de sus actores, sino en la fortaleza de sus instituciones. En ella, los sujetos son transitorios mientras las instituciones son permanentes. En ella, sólo la solvencia moral y la capacidad pueden ser avales del trabajo de un político. Su dogma es la igualdad frente a la ley, y la norma su doctrina. Para serlo, una república tiene que vivir y evolucionar en libertad, no se debe más que a los ciudadanos y a la ley. Nadie puede oponerse a esos fundamentos y todos están obligados a obedecer sus designios.

Pero tal vez lo más importante sea que una república es un proyecto en constante construcción, no es un fin que pueda alcanzarse, sino un método de vida política basado en la libertad, la justicia y la igualdad.

Los mexicanos nos hemos comprometido por siglos en la construcción de nuestra República, perfeccionándola con trabajos ingentes y esperanzas constantes, en un esfuerzo en el que cada generación realiza un importante aporte. Yo no tengo dudas, bien sé que España también tendrá una próxima oportunidad.

        *Profesor de la Facultad de Derecho de la UNAM.

            fserranomigallon@yahoo.com.mx

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