El majestuoso Senado

¡Ah! Un premiezote que se dan los legisladores por su tan invaluable labor para el bien del país. Nada más se pasaron del presupuesto por más o menos 900 millones de pesos.

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Ahí, en uno de los cruces más complicados del Distrito Federal, se levanta soberbio uno de los ejemplos más claros del despilfarro y la poca conciencia de nuestros legisladores. Ayer inauguraron con bombo y platillos, y de pisa y corre, porque ni siquiera está terminada aún, la nueva sede del Senado de la República.

¡Ah! Un premiezote que se dan los legisladores por su tan invaluable labor para el bien del país. Y se quedaron cortos. Primero, porque el plan original no alcanzaba para alojar la totalidad de las oficinas. Diseño muy vanguardista, que hasta con tecnología como la instalada en el edificio de la Organización de la Naciones Unidas lo adornaron, pero les quedó chico para la cantidad de personal. Y, ahora, ¿a dónde irán a parar?

Y segundo porque nada más se pasaron del presupuesto por más o menos 900 millones de pesos. Su pícara y muy entendible falta de precisión para el cálculo de esta obra que todo México respaldó, porque es bien sabido que queremos ver a nuestros senadores instalados en sus cómodos y electrónicos escaños, los hizo gastar 50% más de lo calculado. Mas, ¿para qué es el erario, digo, el dinero, sino para gastarlo?

Y tuvieron a cientos de trabajadores de la construcción a marchas forzadas, porque el calendario también les quedó corto. Que en septiembre no, en noviembre tampoco, en marzo menos... hasta ayer y eso al aventón, como pudieron y a paso veloz, exprimieron las ganas y el entusiasmo de los encargados de la obra, para que a las 11 de la mañana de ayer miércoles, el cruce de Paseo de la Reforma e Insurgentes luciera como holograma de un país demócrata y de Primer Mundo. Porque podremos ser lo que sea, pero cuando se trata del despilfarro, ¡pff!, nos pintamos solos.

Aunque, para ser sincera, creo que le hicieron falta un par de cosas, me permitiré hacer unas sugerencias: una explanada apropiada para recibir a las varias manifestaciones que, con seguridad, verán ese cruce como el destino idóneo para sus movilizaciones. ¡Uy!, al SME le quedó que ni mandado a hacer, enfrentito está lo que alguna vez fue uno de los edificios de Luz y Fuerza del Centro y donde está instalado uno de sus campamentos. Bastará que crucen la calle para que nos deleiten con otro de los elegantísimos trances escénicos pro lucha de derechos y justicia. Pero, bueno, para algo se inventó la política del segundo piso y tal vez, digo, tal vez, nos puedan sorprender con tan vanguardista diseño. Un Zócalo a desnivel y sobre Paseo de la Reforma.

Al Parque Luis Pasteur, que está junto a la nueva sede senatorial, no le vendría mal una remodelada, hasta podrían dejar la instalación de las obras, para cederlas y acondicionarlas según la manifestación de la que toque ser anfitrión, con todo y baños móviles. Hasta una marquesina que anuncie y nos mantenga al tanto de lo que ahí sucede: “Mañana, manifestación del Sindicato Único de bla, bla, bla...”

¡Ah!, y faltaría, de una vez, aprovechando la voluntad, y el erario, un amplio helipuerto, o de perdida unas vigas que lleguen a la Torre del Caballito, cuando los ocupantes del majestuoso edificio deban hacer la graciosa huida, y es que por mucho que sean buenos anfitriones de movilizaciones, también deberán garantizar su seguro escape de la sede, si no a qué hora se van a gastar su partida de alimentos, viajes y demás.

Ahora ya sólo falta que se construyan un aeropuerto, pero mejor no doy ideas...

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