Los tacones del futuro
En Colombia me encontré con que el sexo no era un tema tan tabú como en México
Cuando era pequeña recuerdo el pánico que cualquier familia tenía de que su hijo/a salieran “bateando al revés”, o sea’se, que resultaran homosexuales o bisexuales. Esa era la barrera sexual del momento, aún seguían siendo tachados de enfermos, desadaptados y no faltaba la familia que metía a su hijo chueco al sicólogo para que le enderezaran el caminado. Salir del clóset era más un acto de heroísmo que de liberación, pues la discriminación era más común que hoy en día. La liberación sexual apenas estaba cobrando terrenos inexplorados, pero la aceptación de una sexualidad alternativa era casi inconcebible. Un día en mis épocas de adolescente y cuando la sexualidad comenzaba a causarme inquietudes, me pregunté qué sería lo que a mí me tocaría comprender con mis hijos, mi madre intentaba llevarme por el mismo camino virginal que ella recorrió luchando en contra de una época en la que ser virgen ya no era un “must”. Cuando fui a vivir a Colombia me encontré con que el sexo no era un tema tan tabú como en México, estamos hablando del año 1996, la sexualidad en otros lados de Latinoamérica tenía mucho más apertura que en México, los homosexuales estaban comenzando a ser más aceptados y la era del trío nos esperaba sentada mientras llegaba el año 2000.
Hoy estaba preguntándome lo mismo que me pregunté en la adolescencia: ¿Qué me tocará lidiar con mis hijos? No creo que sea el tema de la homosexualidad, pues para el día de hoy quien sigue discriminando la sexualidad alternativa se quedó anquilosado en el pasado, pero lo que sí es seguro es que en unos 15 años ya estaremos enfrentando nuevas barreras sexuales con las que tendremos que avanzar o morir en el camino.
Hoy veo que la inquietud de casi todo el mundo es el tema de los tríos, conozco a un montón de personas que lo han experimentado y que, además, lo vuelven como parte de su vida en pareja. Tener una tercera persona que le ponga picante a la cama, parece ser la nueva onda underground que el siglo XXI trajo enredada en los tacones. Incluso la vida en tríos ya es otro tipo de relación en países más desarrollados que nosotros y, como sabemos, las modas y estilos de vida poco a poco siguen conquistando los terrenos latinos.
Entonces pensé en mi abuela que, después de vivir en el ideal virginal y así llevar su vida, ahora tiene que soportar que sus nietas no nos casemos, que una viva sola a los treinta años (básicamente yo ya me quedé) y que la otra viva en unión libre y esté esperando un bebé. Para mi pobre abuela todo eso es inaudito, pues el matrimonio católico es lo único que permite que dos personas se tomen de la mano y comiencen un camino juntos. Estoy casi segura que para cuando mi hijo/a tenga 17 años, el matrimonio va a ser no solamente una de las tantas opciones, sino que bien podría parecer arcaico, entonces, ¿qué tendremos que soportar? ¿Cuál será mi panorama traducido al futuro con respecto a la sexualidad de mi hijo? ¿Si mi abuela sufre por la unión libre y la soltería, por qué causas estaré azotándome yo cuando mi hijo me quiera enseñar lo que “es la moda”?.
Volando entre panoramas diversos imaginé que ahora las relaciones fueran de tres y entonces me llega mi hija con su novio y con su novia y se dan una vida de pareja normal frente a uno: beso con la una, beso con el otro, el otro con la una y la una con el otro... zzz, ¡qué fuerte! Es por eso, queridos lectores, por culpa de un karma que pagaremos durante generaciones, por hacer sufrir a nuestros antecesores intentándoles imponer lo que “está de moda”, que muy probablemente cuando estemos ruquillos nos tendremos que aclimatar o aclichingar a lo que las nuevas generaciones dicten que serán las nuevas tendencias o modas sexuales.
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