Teatro urgente
Durante la función de Soles en la sombra, que está por finalizar su temporada en la sede de la CNT en Coyoacán, gocé de la experiencia de compartir el estremecimiento ante lo que vivimos ahora como habitantes de este país, de indagar con mirada crítica, en una ...
Durante la función de Soles en la sombra, que está por finalizar su temporada en la sede de la CNT en Coyoacán, gocé de la experiencia de compartir el estremecimiento ante lo que vivimos ahora como habitantes de este país, de indagar con mirada crítica, en una reflexión común, dónde estamos, de dónde venimos.
De la obra salí con preguntas que vienen a mi memoria una y otra vez ¿Por qué los ciudadanos no hemos ejercido nuestros derechos? ¿Cómo lograr que los gobernantes cumplan honesta y eficientemente con sus deberes? ¿Cómo explicarnos esta guerra en la que nos encontramos? La Revolución Mexicana tuvo ideólogos que marcaron algún rumbo, alguna esperanza. Las madres llorando a sus hijos, los niños arrancados de sus familias abrigaron la ilusión de que la batalla daría lugar a un mundo mejor ¿Qué podemos esperar hoy de tanta sangre, de tanto dolor? Al cabo de cien años, ¿sirvió de algo la Revolución?
Con dramaturgia de Estela Leñero y la colaboración de Claudia Ríos en una imaginativa e inteligente dirección escénica, Soles en la sombra, da cuenta de la existencia de Juana Belén, María Broussé Talavera y Leonor Villegas, mujeres que participaron en la Revolución de 1910, que aportaron ideas, integridad, trabajo incansable y que si bien han sido olvidadas por la historia oficial, en verdad se mantienen vivas en las miles y miles de voces que hoy clamamos por un país mejor.
Juana Belén fue la fundadora del periódicoVésper, donde formuló sus lúcidas críticas contra el porfiriato, por las que fue repetidamente encarcelada en San Juan de Ulúa, como otras mujeres que pusieron en riesgo su vida, en la búsqueda por hacer de México un país justo y libre.
María Broussé Talavera fue la pareja de Ricardo Flores Magón y una activista valiente. Y Leonor Villegas estableció la Cruz Blanca, con el fin de atender sin distingos a los heridos. Su mayor anhelo era la paz; ese objetivo la llevó a sumarse a Venustiano Carranza, quien al llegar a la Ciudad de México, la traicionó.
El texto de Estela Leñero organiza su evocación histórica en un conjunto de escenas en las que estos personajes que no se conocieron dialogan, comparten anhelos y convergen en la ficción. La mayor fuerza la acaba dando la voz de los propios personajes, en los textos que ellas escribieron y que fueron integrados a la puesta en escena por las actrices, quienes llevaron a una apasionada, pertinente y propositiva participación su voluntad de dar contenido a estas heroínas y establecer un lazo vital entre ellas y nuestro presente.
La escenografía de Matías Gorlero y Claudia Ríos ofrece un espacio dinámico, que permite pasar en segundos de una hacienda a una cárcel, a una comisaría o un campo de batalla, con la ayuda de los movimientos de los actores y de los escasos mobiliario y utilería. Erando González nos envuelve con su música original en un tono de lamento sobrio y conmovedor.
El vestuario de Adriana Olivera y el diseño de caracterización de Amanda Schemelz nos invitan a un viaje en el tiempo, a la vez que ofrecen una sugerente plástica teatral.
Un acierto valiente y estremecedor me parecieron las proyecciones al final, con los videos por los que lleva crédito Ignacio Ferreyra, los que muestran a Díaz Ordaz y Echeverría protagonizando la mordaza de sangre que impusieron en el 68, a quienes sucede el rostro vacío de Felipe Calderón presidiendo el sexenio que más sangre ha registrado en la historia del México moderno.
Lleno de pasión, de pertinencia, de sensibilidad, de compromiso me pareció el trabajo de Luisa Huertas, Emma Dib, Mariana Giménez, Mariana Gajá, Laura Padilla, Diana Sedano, Renata Ramos, Arturo Reyes, Enrique Arreola, Everardo Arzate, Américo del Río, Martha Flores, Ana María Quintana, Jesús Alejandro Arenas, Álvaro Sandoval y José Jaime.
Recorre la puesta en escena el rigor del teatro útil, del teatro urgente, del teatro en el que se siente el dolor, la esperanza, el estallido del presente.
Lamento que esta obra de tal pertinencia en estos momentos se limite a una temporada tan breve. Ojalá Soles en la sombra, que en la voz de Juana Belén acusa al Presidente de no cumplir con sus deberes y a los ciudadanos de no ejercer sus derechos, vuelva pronto a la cartelera y pueda verse a lo largo y ancho del país.
