Gobierno federal: ¿culpable de la violencia?

Hace unos días, Raymundo Rivapalacio, a quien admiro profundamente, argumentó en su columna Estrictamente personal que, según el gobierno federal, la violencia crece en el país porque las policías municipales y los gobiernos estatales hacen poco al respecto. Sin ...

Hace unos días, Raymundo Rivapalacio, a quien admiro profundamente, argumentó en su columna Estrictamente personal que, según el gobierno federal, la violencia crece en el país porque las policías municipales y los gobiernos estatales hacen poco al respecto. Sin embargo, alega Rivapalacio: “Los delitos del fuero común son consecuencia directa de una falla en el diseño de la estrategia presidencial en el combate al narcotráfico, que produjo una externalidad: el traslape de delitos”.

En otras palabras, el gobierno federal sí ha mermado a las mafias de la droga, por lo que éstas ahora cometen delitos como secuestro y extorsión. Así, según Rivapalacio, los secuestros, homicidios, extorsiones, etcétera, que estamos sufriendo, no son culpa de quienes delinquen ni de quienes tienen la responsabilidad de sancionarles: son culpa del gobierno federal. Y es que éste no consideró que, si se ponía a hacer lo que le corresponde, habría más delitos del fuero común y que éstos no podrían ser contenidos por las policías estatales y municipales.

Supongamos que Rivapalacio tiene razón: el gobierno federal se equivocó. ¿Cuál era, entonces, la alternativa? ¿Cerrar los ojos ante el hecho de que las mafias controlan rutas, regiones, municipios enteros, vidas, etcétera? ¿No hacer nada por temor a que se traslaparan las actividades de los delincuentes? Y otra cosa: ¿antes del comienzo de la lucha contra la delincuencia organizada, no había ya muchos y graves delitos del fuero común? ¿Qué hacían las policías locales? ¿En serio varias de ellas no estaban en las nóminas de los grupos delincuenciales? ¿De verdad no ocurría —como desgraciadamente sigue sucediendo— que los MP no hacían bien su trabajo, ya sea por omisiones, corrupción o amenazas de la delincuencia misma? ¿Los jueces eran perfectos?

Del argumento de Rivapalacio se desprende que, si yo antes era narcotraficante y ahora me dedico a secuestrar, es culpa del presidente Calderón porque sus decisiones me obligaron a cambiar de giro. Y si las policías locales no pueden conmigo porque les faltan recursos, son corruptas, no tienen capacitación o por todo lo anterior, está mal siquiera considerar, como lo está haciendo la autoridad federal, que algo hay que hacer al respecto (¿mando único policial nacional?). De hecho, Rivapalacio comenta sobre dicho mando y no parece estar de acuerdo con él (en el texto que aquí cito no es claro al respecto).

Pero, además, dice Rivapalacio: “Al soslayar el traslape de delitos federales y del fuero común se acepta por omisión el argumento de fases y escalas donde el narcotráfico es responsabilidad del gobierno federal y la inseguridad pública —exacerbada por la criminalidad de policías locales— es de los gobiernos locales. El discurso de separación de responsabilidades para actuar en forma corresponsable para disminuir la violencia, oculta que la espiral de violencia fue resultado de errores en el diagnóstico para combatir al narcotráfico”. Así, el gobierno federal no sólo es incapaz y ha causado la violencia que padecemos sino que, además, responsabiliza de lo que está sucediendo, por lo menos parcialmente, a las policías y gobiernos locales, quienes, al parecer, realmente no tienen ninguna responsabilidad al respecto.

Lástima de columna la del frecuentemente atinado y contundente Raymundo Rivapalacio. Eso sí: aclaro que aquí mismo he criticado al gobierno federal. Por ejemplo, además de hacer frente a los grupos delincuenciales, urge contar con mejores leyes, y aplicarlas bien, contra el lavado de dinero, cuestión que complementaría la lucha contra las mafias; el gobierno federal no hace todo bien, obvio. Pero de ahí a responsabilizarlo directamente de la violencia hay un trecho grande pues ésta es culpa, en primer lugar, de quienes delinquen. Luego está la responsabilidad de la autoridad de todo nivel (aplicar la ley) y la de los ciudadanos (denunciar y, precisamente, no andar de delincuentes). Si no lo entendemos, jamás saldremos del hoyo.

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