Calderón viola la ley religiosa
El Presidente de la República juró respetar y hacer respetar la Constitución y las leyes que de ella emanen, por lo que al asistir a una ceremonia religiosa estará violando su juramento.
Felipe Calderón se apresta a viajar al Vaticano para asistir a la beatificación de un personaje muy controvertido, como sin duda lo es Juan Pablo II. Al asistir en su carácter de jefe del Estado mexicano a una o a varias misas en la Basílica de San Pedro, Calderón estará violando flagrantemente la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público, la misma que establece que “las autoridades federales, estatales y municipales no podrán asistir con carácter oficial a ningún acto religioso de culto público, ni actividad que tenga motivos o propósitos similares”. Calderón juró respetar y hacer respetar la Constitución de la República y las leyes que de ella emanen, por lo que al asistir a una ceremonia religiosa estará violando su juramento rendido con la debida solemnidad ante el honorable Congreso de la Unión, razón mucho más que justificada para someterlo a un juicio político con todas las consecuencias que se puedan derivar de su conducta ilegal. ¿Dónde están los priistas, supuestos herederos de una histórica tradición liberal, que no protestan ante dicho atentado perpetrado, nada menos, que por el jefe de la nación? Ya sé: los priistas no quieren enfrentarse a la Iglesia católica, la más siniestra enemiga que ha tenido México a lo largo de su historia, simplemente porque estamos en periodos preelectorales y, por lo mismo, evitan cualquier enfrentamiento con la jerarquía católica. No son suicidas, pero sí son cobardes, si no sancionan a Calderón con toda la severidad establecida en nuestras leyes.
A Calderón, a priistas, a panistas y perredistas, se les olvida que el clero estuvo siempre en contra de la separación Iglesia-Estado, de la libertad de cultos, de la desamortización de los bienes del clero, de la enseñanza laica y obligatoria, de la libertad de asociación, de la libertad de conciencia, de la educación abierta y de la investigación científica, de los libros supuestamente heréticos, de los extranjeros en su anacrónica política poblacional, de la libertad de imprenta y de la libertad de expresión. La Iglesia estuvo en contra de México durante las intervenciones extranjeras de 1846 y de 1862. La jerarquía católica excomulgó a los mexicanos que atentaran en contra de los soldados norteamericanos y franceses en el siglo XIX; estuvo en contra de las constituciones de 1824, 1857 y 1917 y en contra de la paz al financiar, con las limosnas pagadas por el pueblo, la Guerra de Reforma y la rebelión cristera. Se opuso con las armas a la pérdida de fueros y a la pérdida de su gigantesco patrimonio que llegó a significar el 52% de la propiedad inmobiliaria del país. Luchó en contra de la igualdad jurídica de la nación, peleó sangrientamente su derecho a cobrar el diezmo hasta lograr, en la actualidad, la exención total de impuestos, otro fuero ilegítimo en el siglo XX. Invariablemente se resistió a transparentar sus ingresos y rechazó la independencia de México al mandar mutilar, fusilar y decapitar al padre Hidalgo y al padre Morelos. Combatió la libertad de pensamiento y cualquier posibilidad de evolución de los mexicanos. El clero no sólo tenía inmovilizada la mitad de la riqueza nacional en manos muertas, sino que era el principal capitalista de la nación, banquero hipotecario, propietario y administrador de latifundios, rico por la explotación de sus minas y de sus cuantiosos bienes raíces obtenidos a través de legados piadosos, en lugar de divulgar el evangelio... ¿El qué..?
La Iglesia persiguió a quien pensara peligroso y quemó vivo en la hoguera de la Inquisición a quien no comulgara con sus ideas. La Iglesia cerró las puertas al Enciclopedismo, a la Ilustración y a los derechos universales del hombre. La Iglesia, antes y ahora absurdamente rica, ha gastado miles de millones de dólares en indemnizaciones por haber abusado sexualmente de menores de edad, en lugar de haber velado por su superación intelectual invirtiendo en escuelas en donde priva la miseria. ¿Acaso no es otro embuste de dimensiones gigantescas el hecho de que la Plaza Mariana, a un lado de la Basílica de Guadalupe, no sea más que un cementerio camuflado en el que se enajenan 150 mil criptas a razón de 25 mil pesos, más el IVA que por supuesto se embolsa el clero, cuando además no tienen costo porque terrenos y construcciones fueron donados por terceros ávidos del perdón eterno? ¿Qué es el Santuario de los Mártires Cristeros, en Jalisco, sino otro enorme negocio de venta de criptas que disfrazan con un nombre “piadoso” para lucrar con la buena fe y la estupidez de quienes creen en estos nuevos mercenarios que Jesús hubiera corrido a latigazos de todos los templos mexicanos? La venta de criptas en todo el país bien podría importar cien mil millones de pesos libres de impuestos. ¿Y quienes viven sepultados en la miseria en la sierra de Guerrero? ¿Y la piedad..? ¿Y los cinco millones de analfabetos?
Calderón violará la ley y sus juramentos constitucionales al asistir a una misa en El Vaticano. Para evitar la infracción deberá usar un avión comercial pagando su boleto de su propio peculio sin ostentar ninguna representación oficial. Si se presenta en El Vaticano como jefe del Estado mexicano y asiste a un acto religioso de culto público, espero que se le someta a un juicio público en el Congreso de la Unión que en estos días, finalmente, ha empezado, sólo empezado, a recordar la justificación institucional de su existencia…
*Escritor
