El discurso del rey y la boda del príncipe

Si soy un rey, ¿dónde está mi poder? ¿Puedo formar un gobierno, puedo subir los impuestos, declarar una guerra? ¡No! Y así y todo soy la base de la autoridad. ¿Por qué? Porque la nación cree que, cuando hablo, hablo por ellos...

Yuriria Sierra

Yuriria Sierra

Nudo gordiano

Esa frase de la película The King’s Speech la traigo a cuenta porque, a la hora en que salga publicado este artículo, el príncipe William y Kate Middleton ya habrán sido declarados marido y mujer. Será entonces cuando la Corona Británica haya recibido a ella, una “plebeya”, usando términos monárquicos, que tan ajenos suenan de este lado del océano, como parte de su familia, y que el país entero, Inglaterra, se haya detenido por unas horas para ser testigos del enlace matrimonial.

Se calcularon millones, en verdad millones, de espectadores en todo el mundo. Y será por la curiosidad o por el mero chisme de ver qué pasa en la famosa boda real, que este acontecimiento salta a los informativos. Sin embargo, para los ingleses tiene un significado muy particular, que va más allá de ver casado al príncipe, porque eso se lee mejor en los cuentos. Lo cierto es que la familia real británica es dueña de simbolismos, tantos y tan pesados, que en el interior de la comunidad a la que representan, significan mucho más que una corona con costosas joyas.

Y ponía la referencia de la cinta ganadora del Oscar este año, porque justamente la importancia de la boda real cabe en la metáfora de la cinta. El pueblo inglés, con todo y su cualidad de potencia, de país de Primer Mundo, desde la llegada de sus reyes y reinas, el pueblo le ha dado a la familia real un valor moral casi irrevocable.

Ello aunque la condición actual de la Corona Británica, como lo dijo Colin Firth al interpretar a Jorge VI, no va más allá de la “apariencia”, porque  no pueden tomar decisiones, ya que para eso están el primer ministro y la Cámara de los Comunes, que es de dónde salen todos los movimientos políticos del país. Su poder, el de la familia real, está dirigido al ánimo del pueblo.

Atreviéndome a hacer una analogía, el bienestar de la familia real provoca el mismo regocijo que un triunfo de la Selección Mexicana de Futbol. Así de fuerte el peso de la Corona Británica en el entusiasmo de su pueblo. De ahí que, aunque el poder político no salga del Palacio de Buckingham, sus ánimos se convierten en los de todos, o casi todos. Por eso esperan el mensaje de Navidad de la reina Isabel II, por eso le lloraron tantos a lady Diana. ¿Y cuánto vale esa representación de unidad? Millones de libras, los mismos que le son entregados a la familia real para sus gastos del año, cantidad que debe ser autorizada por quienes ocupan el majestuoso parlamento donde se aloja el Big Ben y que, obviamente, vienen de las arcas del erario, del dinero de los contribuyentes, destinadas a una partida que procura el mantenimiento de la monarquía.

Para los ingleses, su reina y sus príncipes y princesas son el símbolo de fuerza y estabilidad. La majestuosidad de las celebraciones, en una república monárquica, no se utiliza para la conservación de la corona. En el Reino Unido se utiliza con el fin de levantar el ánimo de quienes ven en la familia real el símbolo máximo de la cultura popular de un pueblo. Es su imagen de respeto ante los ojos del mundo...

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