¿La panacea?

En estos meses de fuerte competencia, algo ha quedado claro: si un partido hace a un lado a un político popular, la va a acabar pagando

Entre los temas que se discuten para aprobar la reforma política está la reelección de legisladores y presidentes municipales.

Los promotores de esta medida vaticinan que con ella los políticos finalmente nos van a rendir cuentas a los ciudadanos. Como estará en nuestras manos castigar o premiar al político en cuestión, su interés por quedar bien con los ciudadanos será mayor al interés de quedar bien con el partido político.

Los detractores de esta medida sostienen que no tendrá efecto alguno. Que lo que unos venden como la panacea para la rendición de cuentas acabará por decepcionarnos a los mexicanos ingenuos. La rendición de cuentas seguirá siendo hacia el partido político que postula al candidato ya que, al final del día, es éste quien decide si se puede quedar con la candidatura para reelegirse o no.

Coincido con quienes piensan que la reelección no es una panacea. No va a venir, como varita mágica, a hacer que los legisladores y los presidentes municipales finalmente tomen en cuenta a los ciudadanos para algo más que el día de la elección.

Sin embargo, en estos meses de fuerte competencia entre los tres grandes partidos políticos, algo ha quedado claro: si un partido hace a un lado a un político popular, va a acabar pagándola.

Fue el caso de Mario López Valdez en Sinaloa. El PRI no quiso postular a su candidato más popular. Malova se fue con el PAN y el PRD y le arrebató el estado al PRI.

También fue el caso de Ángel Aguirre en Guerrero. El Revolucionario Institucional se empeñó en poner como candidato a Manuel Añorve y el estado se fue para Aguirre, pero con la bandera del PRD.

Y como emblema de que los partidos, en un ambiente competido, no pueden pasar por alto la popularidad de un candidato que estima la gente, está Eruviel Ávila en el Estado de México.

Si Eruviel no hubiese hecho su chamba con la gente del Valle de México, el candidato a la gubernatura por el PRI sería Alfredo del Mazo. Enrique Peña Nieto entendió a la perfección la lección de Sinaloa y Guerrero y postuló al candidato que, sabe, puede ganar la elección porque la gente así lo quiere. No porque él o el partido así lo decidan.

Si esto funciona en el plano gubernamental, también puede funcionar en el plano legislativo y en el de las alcaldías.

Si un político se empeña en quedarle bien a su gente, en ganársela, se le abre una alternativa que no implica quedarle bien al partido.

Eso se llama rendición de cuentas y es algo que comenzamos a ver en las elecciones gubernamentales y que tendríamos que ver en las legislaturas y en las alcaldías.

Es un proceso que tomará tiempo. Que no sucederá de la noche a la mañana. Pero que implica alinear incentivos de tal forma que los políticos tengan otra alternativa para ascender en sus puestos que la de sólo rendirle cuentas al partido político.

La reelección implica incentivos en este sentido y, como casi todo en la vida, son éstos, los incentivos, los que mueven las acciones humanas.

            En Twitter: @AnaPOrdorica

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