PRI-Edomex: el miedo a candidaturas ciudadanas

La reforma política aprobada en el Senado hizo chuza dentro del PRI. No sólo evidenció la resistencia del gobernador Peña Nieto y sus hombres en San Lázaro para aprobarla por temor a las candidaturas ciudadanas. De paso, abrió, en unas cuantas horas, lo que los ...

La reforma política aprobada en el Senado hizo chuza dentro del PRI. No sólo evidenció la resistencia del gobernador Peña Nieto y sus hombres en San Lázaro para aprobarla por temor a las candidaturas ciudadanas. De paso, abrió, en unas cuantas horas, lo que los priistas querían evitar: una división rumbo a las elecciones presidenciales de 2012.

Los operadores del gobernador mexiquense advierten que la reforma no pasará porque no se incluyó la “cláusula de gobernabilidad” promovida por Peña Nieto. “Nos interesa la eliminación de la sobrerrepresentación en el Congreso, con lo que podríamos sacar las reformas estructurales, sin detenernos por caprichos de minorías”, pretexta el diputado priista Felipe Enríquez.

El planteamiento es absurdo y tramposo. ¿Por qué? Por una simple razón: el PRI ya cuenta con su “cláusula de gobernabilidad” en la Cámara de Diputados. Es mayoría legislativa. Exigen lo que ya tienen. ¿Y qué han hecho con esa superioridad? Nada. Tienen congelada la Ley de Seguridad Nacional, enviada desde hace un año por el Ejecutivo. Son incapaces —junto con el PAN y el PRD— de nombrar a tres consejeros del IFE. Tienen atorada la reforma laboral. Ahora amenazan con no aprobar la reforma política.

¿Cuál es el fondo del asunto?

En realidad son dos.

Primero: que, se reconozca o no, la reforma política aprobada por el Senado —aun con sus limitaciones y doble discurso en favor de los ciudadanos— es un triunfo para Manlio Fabio Beltrones y su grupo. Destaca el senador sonorense por haber sido capaz de obtener prácticamente consenso con el PAN y el PRD, en un país donde esa palabrita —consenso— confunde a los políticos con la “concertacesión” de los años salinistas.

¿Qué es la política, sino la construcción de consensos? Y eso, y no otra cosa, fue lo que se logró en el Senado.

A Peña Nieto y su grupo no les cayó nada bien este punto a favor de Beltrones. Por eso quieren atorarla en San Lázaro, aunque pierden de vista una cosa: hoy, los ciudadanos están más politizados y ven claramente dónde impera el interés político personal por encima de los derechos de la sociedad.

Segundo: en su ruta a Los Pinos, el grupo del Edomex ve a las candidaturas ciudadanas como una amenaza para Peña Nieto —y para el PRI en su conjunto— en las próximas elecciones federales. Una “candidatura independiente” fuerte, avalada por el presidente Calderón ante la carencia de figuras panistas, que la respalden organizaciones civiles, impulsada por luchadores sociales ciudadanos y bien vista por millones de electores, sería veneno para el priismo.

Los mexicanos están hasta el copete de dos entes: los partidos y los políticos. Les tienen desconfianza y su desprestigio llega a niveles de rechazo absoluto. Reclaman otras opciones electorales. Como candidaturas independientes para 2012.

¿Ganaría Juan Ramón de la Fuente la Presidencia de México? Tendría posibilidades.

¿Ganarían la Jefatura de Gobierno del DF Alejandro Martí o Isabel Miranda de Wallace? Probablemente.

¿Ganarían una senaduría o una diputación José Woldenberg o Eduardo Gallo? Seguramente.

Y habría muchos más ciudadanos destacados —activistas, intelectuales, periodistas, escritores, pintores, profesores, abogados, profesionistas o ciudadanos de a pie tan valiosos como cualquiera— que serían capaces de pelear, al tú por tú, a cualquier político, por un cargo de elección popular.

Y eso es precisamente lo que los diputados del PRI quieren evitar: una competencia electoral sana, leal, pero, sobre todo, inaplazable para transformar el viciado e inoperante modelo político que nos gobierna. Eso se lograría con el poder ciudadano.

En este episodio, es lamentable el papel que desempeña el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Carlos Ramírez Marín, quien anuncia que no será posible aprobar la reforma política en este periodo de sesiones y, con ello, quedarían descartadas las candidaturas independientes para 2012.

Ese es su miedo: enfrentar a su propia incompetencia, al rechazo popular en las urnas, a que una figura ciudadana impida que regresen a Los Pinos. Por eso, y porque sería colgarle la medalla a Beltrones, la rechazan.

Son los priistas de siempre. No cambian.

“No hay prisa ni urgencia para sacar adelante la reforma laboral. Al PRI nadie le pone plazos”, dice su líder nacional, Humberto Moreira. Alguien le debería decir al coahuilense que esa reforma tiene… ¡más de 30 años esperando ser discutida! ¿No hay urgencia? Entonces sigamos resignados a estar en el fondo del tablero mundial de la competitividad y la productividad.

¿Y la Ley de Seguridad Nacional?

Ni el PRI ni el PRD la avalan. “Es un albazo”, dice Marcelo Ebrard. Que alguien le aclare que esta iniciativa tiene un año de haber sido enviada por el Presidente de la República.

Albazo fue que el GDF le regalara una calle a la Comercial Mexicana.

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