Cancún para escépticos

Sin negar el calentamiento global, existen medios,políticos y ciudadanos que no están convencidosde las proyecciones catastróficas que se hacen.

CANCÚN.— Tras una semana de estar rodeada de expertos en materia de cambio climático creo que todavía hay mucho por hacer para sumar al barco de los conservacionistas a los escépticos de las causas y soluciones del calentamiento global.

Sin negar el calentamiento global, existen medios, políticos y ciudadanos que no están convencidos de las proyecciones catastróficas que se hacen sobre un fenómeno que ha ocurrido en otros momentos de la historia de la humanidad, aun antes de la Revolución Industrial.

Y al no estar de acuerdo con estas proyecciones catastrofistas, tampoco lo están con algunas de las soluciones propuestas para mitigar el cambio climático.

Hay también quienes creen en estos escenarios apocalípticos, pero simplemente no confían en las soluciones propuestas. Las ven como tardías y pequeñas.

Está, por ejemplo, el libro del danés Bjørn Lomborg, Cool it, que documenta perfectamente bien los radicalismos del debate climatológico.

Ahí ejemplifica con la historia tantas veces dicha de que el derretimiento de los glaciares está provocando que se ahoguen los osos polares.

Lomborg expone datos duros y sencillos de entender acerca de osos polares que, contra lo dicho, han crecido en población y los pocos que han muerto han sido más por cacería que por ahogamiento.

¿Por qué el alarmismo? Trabajemos por el planeta, pero de otra forma, es su propuesta.

Quizás el escepticismo se deba a algo que nos comentó el premio Nobel de Química, Mario Molina, a mi compañero Enrique Acevedo y a mí para Foro TV: que hay una muy exitosa campaña de medios de parte de los llamados negacionistas y que los científicos del cambio climático tienen que hacer una mejor tarea de informar al público en general y a los gobiernos de los impactos del calentamiento global de manera más didáctica y comprensible para lograr sumar a las soluciones urgentes que proponen.

Porque, por lo visto, no queda claro para todos por qué debemos evitar a toda costa que la temperatura aumente 2ºC. ¿De dónde y por qué sale esa cifra? ¿Por qué no uno o tres grados?

¿Por qué tenemos que trabajar tanto en la mitigación, que implica dejar de emitir gases de efecto invernadero, y no pensamos en la adaptación, que es la propuesta del semanario The Economist en su portada de esta semana?

¿De dónde sale el número mágico de 350 partes por millón de dióxido de carbono que se propone alcanzar como máximo que puede tener la atmósfera del planeta para no sufrir de calentamiento global?

Si las acciones para mitigar los efectos del cambio climático implican subirnos todos en el mismo barco, que es nuestro planeta, el discurso científico debe aceptar que no todos han comprado la historia apocalíptica ni las soluciones radicales y costosas política, económica y socialmente, que se proponen.

 APOSTILLA: En estos días Richard N. Hass, presidente del Council on Foreign Relations (CFR), opinó sobre el escándalo WikiLeaks y sus efectos en la diplomacia EU-México. No deja de sorprender este repentino interés de Hass por las relaciones bilaterales. Hace unas semanas estuve invitada precisamente por el CFR a moderar una discusión sobre el tema. Y Hass brilló en el evento… por su ausencia.

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