Dátiles y petrodólares
Rusia y Qatar han sido elegidas, con la impoluta democracia universal que ejerce Joseph Blatter.

Arturo Xicoténcatl
El espejo de tinta
Política, dinero y poder caminan de la mano en la elección de los espectáculos deportivos. Rusia y Qatar han sido elegidas, con la impoluta democracia universal que ejerce el suizo Joseph Blatter en la FIFA, sedes de los Campeonatos Mundiales de Futbol de 2018 y de 2022.
En el prisma deportivo hay pleno equilibrio justiciero, la decisión es lo más apegada al espíritu del fair play, puesto que ninguno de estos países, aunque Australia estaba entre las aspirantes, ha organizado el máximo certamen del balompié mundial. Pero ya se sabe que el fair play en los negocios, no existe.
La elección de estas sedes causó menor impacto y sorpresa que el nombramiento de Londres -ordenado por el clan anglosajón- como sede de los Juegos Olímpicos de 2012, sobre París, acaso porque el mundo se ha ido acostumbrado a los signos de poder y de la política de estos tiempos. Hace unos años hubiese sido imposible imaginar que un país sin tradición en el futbol pudiese aspirar, con posibilidades reales de éxito, a organizar una Copa Mundial de Futbol. Y como las palmeras del desierto no producen dátiles acaso el segundo paso de Qatar sea la contratación de futbolistas y presentar un tapete oriental de Las mil y una noches con un cambio de visión en el mundo deportivo como el que se registra en algunos países de Europa y en el propio Qatar y Bahrein en el atletismo: tinajas llenas de oro por el cambio de nacionalidad.
En la corriente simbiótica de éxito y dinero Qatar, como cualquier hijo de vecino, tendrá el objetivo natural de brillar intensamente, no sólo por la arquitectura ultramodernista de sus estadios y sistemas de refrigeración, sino muy en grande como corresponde a un país económicamente poderoso. Hay que observar desde ahora cómo será la preparación e integración de su oncena. Qué cosa tan fácil: les bastará frotar la lámpara con el aceite en que nadan y lanzar sus redes de arena a los jugadores juveniles de Europa y Sudamérica.
Existe una limitación reglamentaria en la FIFA: ningún futbolista que haya representado a un país podrá hacerlo con otro. Este es un vacío en la reglamentación del atletismo que deriva en un serio problema: muchos kenianos pintan sus nombres de pila con la tintineante sinfonía de petrodólares. Un claro ejemplo el de Stephen Cherono y que ahora en las arenas desérticas de Doha responde al nombre de Saif Saeed Shaheen, grande en los 3,000 m steeplechase. Y es que con dátiles y petrodólares el amor a la patria se hace más universal.
A quién cómo entrenador: ¿Pep Guardiola o José Mourinho? Dentro de doce años tendrán madurez y otros horizontes. Acaso cuando ruede el balón en las arenas veamos en la oncena de Qatar el ballet etéreo que exhibió el Barcelona.
Impensable en aquella atmósfera de la Guerra Fría que, cuando resuenan tambores de guerra en Afganistán, Irak y Corea, la sede se le hubiese otorgado a Rusia. En los vientos de la FIFA se mueven petrodólares e hilos políticos. Por lo demás será un Mundial en un pueblo de gran cultura deportiva y el respaldo absoluto en todos sus estratos.