Abascal, dos años…

Ayer lo recordamos entre amigos; como dirigente empresarial, social y, más específicamente, como funcionario público y político.

Enrique Aranda

Enrique Aranda

De naturaleza política

La mañana del 2 de diciembre de 2008, Carlos María Abascal Carranza emprendió el que, finalmente, fue siempre el único de los caminos que estaba verdaderamente interesado en recorrer: el de regreso —como él mismo solía definir— a la casa del Padre…

Ayer lo recordamos entre amigos. Recordamos las virtudes humanas que, más allá de una fe siempre reconocida y defendida, caracterizaron su desempeño como dirigente empresarial, social y, más específicamente, como funcionario público y político: congruencia, tolerancia, capacidad de diálogo y vocación de servicio… y que tanto se extrañan hoy entre quienes ocupan altos puestos de la estructura gubernamental o de las organizaciones partidistas, particularmente —en razón de sus orígenes y valores fundacionales— en Acción Nacional… su partido.

Y esto, en virtud de que, más allá de opiniones y afectos personales, nadie podría hoy dejar de validar aquello de que “la fidelidad inquebrantable a unas ideas y principios en ningún momento está reñida con la eficacia política” o, si se prefiere, el que un líder se mide por lo que es y por lo que ha hecho, pero también por aquello que, con su ser y con su acción, demuestra que es capaz de hacer”.

O, en momentos de evidente trabazón legislativa y carencia de acuerdos tan necesarios para garantizar la viabilidad del país, referencias como aquella de que “el diálogo social brota del acuerdo de voluntades y se nutre de la capacidad de propuesta de sus integrantes dentro de un marco institucional, por lo que los mecanismos de diálogo social no pueden ni deben suplir a las instituciones del Estado democráticas ni pueden estar al servicio de algunos grupos. En todo caso, el diálogo social apuntala a las instituciones del Estado”.

Es hora (ésta), gustaba de decir el entonces secretario de Gobernación, de los verdaderos demócratas para, a renglón seguido, establecer que “tres verbos (son) indispensables en el ejercicio del poder: Saber, estudiar, tener conocimiento de causa de lo que estás haciendo; Amar, (porque) nadie busca el bien del otro si no lo ama… llámale solidaridad y, finalmente, Servir, (ya que) el poder que se nos ha dado es justamente para auxiliar a los demás en la construcción de su bien”.

Cuánto bien haría hoy a México que no pocos de sus políticos asumieran como propias afirmaciones como ésta: “Yo no encuentro, no encontré nunca una motivación mayor para construir el bien de los demás, para sacrificar lo que hubiera que sacrificar por el bien de los demás, que no sea amando a los demás. Hacer el bien a los demás por simplemente un currículum, por un sueldo, por una posición nueva, por orgullo, por vanidad, pues, la verdad, ¡qué desperdicio! Yo creo que el amor y la política van de la mano”.

Descanse en paz Carlos María Abascal.

Veámonos el domingo, con otro asunto De naturaleza política.

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