De catcher a rostro de la NFL; el consejo que cambió la historia

Antes de ingresar a la universidad de Michigan, Tom Brady fue seleccionado por los Expos de Montreal, buscando que se les uniera como receptor, pero rechazó el contrato gracias a una plática que lo encaminó a seguir su hambre de gloria como quarterback

Ilustración: Horacio Sierra
Ilustración: Horacio Sierra

CIUDAD DE MÉXICO. Para varios cazatalentos que consumieron múltiples horas analizando películas en la mitad de la década de los 90, el destino deportivo de Thomas Edward Patrick Brady Jr. se encontraba detrás de una careta de catcher y no como el rostro más popular que la NFL ha tenido desde su creación.

7 títulos de SB más que cualquiera de las 32 franquicias de la NFL

En la primavera de 1995, Tom Brady, de entonces 18 años de edad, fue invitado junto con otros prospectos a un campamento de los Expos. La franquicia canadiense, que años después mutó en los Nacionales de Washington, lo seleccionó en la ronda 18 del Draft.

La organización ligamayorista buscaba convencer a Brady de que desechara la beca que la Universidad de Michigan le ofreció por sus habilidades como quarterback.  Los Expos estaban dispuestos a entregar un cheque más oneroso de lo habitual con tal de obtener a Brady, a quien consideraban con las herramientas necesarias para convertirse en un All Star.

 La firma de Tom, en un contrato profesional, enterraba la oportunidad de uniformarse bajo el casco y el jersey de los Wolverines de Michigan, uno de los programas de football de mayor tradición.

Para persuadir a Brady de sus inquietudes universitarias,  los Expos confiaron en John Hughes, un reconocido scout,  quien pasó meses recorriendo pueblos y suburbios de  la costa oeste de Estados Unidos para detallar el perfil beisbolístico de Brady, un catcher y capitán de la escuela secundaria Junipero Serra, en San Mateo, California.

243 triunfos consiguió en su carrera de 22 temporadas

Como receptor, Brady era igual de experto que en el futbol americano para manejar los escenarios. Hablaba con los ampayers antes de los juegos de la misma manera que charló con los réferis en el emparrillado. Tenía mucha suavidad al cachar los pitcheos y la cualidad de batear a la izquierda siendo derecho.

Hughes sabía del compromiso de Tom con la Universidad de Michigan. Con el tiempo y el interés que mostró por Tom, se convirtió en un personaje cercano a la familia. Su labor dentro de los Expos era nutrir de talento las granjas del equipo, y había detectado a un joven con cualidades para transformarse en estrella del beisbol.

624 pases de anotación sumó en su recorrido en la NFL

Cuando la decisión final que Tom Brady haría sobre su futuro deportivo se acercaba, Hughes realizó su último gran movimiento.

El reconocido scout, con la autorización del equipo, invitó a Brady a un campamento de prospectos en el viejo Candlestick Park de San Francisco, a unos 50 kilómetros de San Mateo.

Hughes encomendó a Brady con los jugadores profesionales Rondell White y FP Santangelo, quienes lo guiaron al campo para tomar práctica de bateo. Hughes esperaba que ése fuera el tipo de experiencia que hiciera a Brady cambiar de opinión. Pero cuando un poco más tarde entró al clubhouse, lo que vio Hughes lo convenció de que no había oportunidad: Tom estaba sentado en un taburete con varios peloteros de los Expos a su alrededor. En una atmósfera beisbolera, Brady demostró ser el quarterback. 

Santangelo, un antiguo utility  que hoy es reconocido por ser un mejor analista de televisión que por su pasado en el juego, aconsejó a Brady que tomara la experiencia universitaria y desistiera de una vida en el beisbol, que como casi todos en aquella época, iniciaría desde el primer escalón de la colosal estructura del sistema profesional.

¿Por qué quieres jugar beisbol, empezando en el infierno de las ligas menores con menos de 100 personas en las tribunas, recibiendo salarios bajos y pasando muchas horas de viaje en incómodos autobuses cuando puedes ser el quarterback de una universidad famosa?”,  contó hace unos meses Santangelo sobre la conversación que tuvo con Brady.

A los pocos días de esa “probadita” de beisbol, Tom Brady puso out a su vida dentro de un diamante para jugar bajo las brillantes luces de los sábados por la noche de la NCAA.

  Brady era bueno y le gustaba  el beisbol, pero no quería estar detrás del plato con el rostro cubierto; estaba destinado a ser el hombre que marcha al frente de las batallas.

Al término de una carrera colegial que podría considerarse como discreta, Brady fue seleccionado por los Patriotas de Nueva Inglaterra en la sexta ronda del Draft en la campaña de 2000, lo que equivale aproximadamente a ser elegido en la ronda 18 del Draft de la MLB. Tal vez peor. 

Como buen catcher, Tom Brady dirigió su propio juego.

En su primera temporada con Nueva Inglaterra, y eclipsado por  Drew Bledsoe, Brady se dedicó a  aprender del juego.

Tiene un buen tamaño, pero no brazo, puede ser un buen quarterback suplente por mucho tiempo”, era de lo poco que se hablaba de Brady en su campaña de novato.

En los viejos terrenos de Foxborough, Brady comprendió que, al igual que Johnny Unitas y Joe Montana, en la NFL no se trata de dónde empiezas, sino dónde terminas.

El 23 de septiembre de 2001, el linebacker de los Jets, Mo Lewis, golpeó a Drew Bledsoe y le rompió un vaso sanguíneo en el pecho, empujando a Brady al juego. A partir de ese momento, en la NFL comenzó a vivirse la era de Thomas Edward Patrick Brady Jr.

Tantos detalles de la carrera de Brady parecen lo suficientemente fantasiosos como para sonar apócrifos.

En 20 temporadas completas como titular, llevó a su equipo al Super Bowl en 10 ocasiones. Ganó su primer Vince Lombardi a los 24 años. Sus siete anillos de campeón son más de lo que ha ganado cualquier franquicia. Fue votado como el MVP del Super Bowl cinco veces. Sólo otro quarterback, John Elway, de Denver, siquiera fue titular en cinco Super Bowls. Sólo una vez Brady se perdió los playoffs como titular: en 2002, la temporada después de ganar su primer anillo.

Como un atleta ganador generó adversarios que disfrutaron las escasas derrotas que sufrió.

Como buen catcher, supo administrar su juego. Empezó a cuidar su cuerpo para prolongar su carrera. Lo logró por 22 años.

La NFL adoptó un nuevo rostro: la cara de un hombre que pudo estar detrás de una careta, pero escuchó un consejo para seguir con su amor por el football.

cva

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