Covid acaba con lo poco que tenía; agradece muestras de bondad
Consuelo perdió su tarjeta Bienestar y la reposición está detenida; pide ayuda para comer y vivir

CIUDAD DE MÉXICO.
El cáncer de su esposo y la enfermedad renal de su mamá hicieron perder a Consuelo casi todo su patrimonio hace 25 años. Vendió su departamento, su carro y prácticamente todos sus bienes para pagar los costos de los padecimientos y funerales de sus seres queridos.
Desde entonces tuvo que trabajar en la pequeña imprenta que con muchas dificultades conservaba, pero la pandemia de covid-19 llegó a derrumbar por completo lo único que le quedaba.
“Vendí lo que faltaba de vender y ya no tenía dinero para comer; tenía la tarjeta del gobierno, la del Bienestar, el problema fue que por mi glaucoma cometí un error al ir al banco y el cajero se llevó mi tarjeta, entonces dije: `bueno, una reposición´. Empecé a tramitar una reposición, pero la pandemia se alargó.
Me dieron un papelito para cobrar un poco en Banorte y así fue unos meses, posteriormente el banco me dijo que no podía darme dinero sin la tarjeta, por lo que pregunté si no la emitían y me respondieron que la imprime la tesorería”, relató.
Desde entonces, la señora de 87 años ha tenido que exponerse, durante más de un año, en busca de un pan para llevarse a la boca.
“En este año, volteas a ver a las personas y nada más te ven y te ayudan. Es muy generoso el pueblo de México, demasiado.
Yo digo que seamos más difíciles a la hora de votar. Cuando llegó la epidemia cómo me iba a quedar encerrada, de la tarjeta ya no me respondieron.Fui a reponerla y me dijeron que ya no había tarjetas; les dije que la estaba pasando muy mal, pero me respondieron: todos la estamos pasando mal, con una indiferencia total, esa indiferencia que nunca había recibido de anteriores gobiernos”, aseguró.
Pese a las penurias, Consuelo ha recibido muestras de bondad que nunca imaginó. Su casero, por ejemplo, le ha permitido seguir en su vivienda, pagando lo poco que puede y cumpliendo con el mantenimiento.
Para ello ha tenido que malbaratar algunas de sus pertenencias más preciadas como candelabros o escritorios.
“Me parece una injusticia, no creo que primero seamos los adultos mayores, como se oye decir; que todo el presupuesto es para nosotros los más vulnerables, esto era lo que menos me esperaba. Son indiferentes, déspotas, la ayuda me hace falta”.
Con eso, además de comer, podría comprar las gotas que por cada día que no se pone, le hacen perder más la vista.
Tras dar vueltas y vueltas para preguntar por su tarjeta, Consuelo, contó que un servidor de la Nación le dijo:
“Le voy a ser sincero, a lo mejor le va venir la tarjeta, pero de ahí a que le venga el retroactivo, quién sabe”.
Pese a las dificultades, Consuelo confiesa que no tiene el alma triste porque vive en el presente.
“Disfruto cada apoyo. No lo hace el gobierno, pero sí el pueblo de México”, indicó.
