Duelo de analistas en Excélsior TV; debaten sobre la vigencia del FCE

Zuckermann rechaza que el Estado subsidie la publicación de libros; Silva-Herzog sostiene que desaparecer el FCE sería una desgracia cultural

CIUDAD DE MÉXICO, 9 de septiembre.- El analista político Jesús Silva-Herzog Márquez y Leo Zuckermann, columnista de Excélsior, participaron ayer en un debate televisivo para exponer sus puntos de vista respecto a la vigencia del Fondo de Cultura Económica (FCE) y si el Estado debe o no subsidiar la edición, publicación y venta de libros.

En la discusión, moderada por Pascal Beltrán del Río y transmitida por Excélsior Televisión, también se habló sobre el foro televisivo que el pasado 19 de agosto organizó el director general del Fondo de Cultura Económica (FCE), José Carreño Carlón, con motivo del aniversario número 80 de la fundación de esta institución, en el cual el presidente de la República, Enrique Peña Nieto, fue entrevistado por seis periodistas.

Silva-Herzog Márquez consideró impropio el hecho de que Carreño Carlón haya fungido como moderador de esta entrevista colectiva al presidente Peña “con la casualidad que la persona que están entrevistando es su jefe”, una acción que vulnera el prestigio editorial de esa institución.

Sostuvo que no está mal conversar con el jefe del Ejecutivo, pero la función del FCE es la de difundir la cultura, no llevar a cabo esta clase de entrevistas.

“El convocante no tenía ninguna vela en el entierro. Estaba fungiendo no como una casa editorial del Estado mexicano, sino como una agencia noticiosa. Me parece que incluso viola sus principios normativos. No le corresponde al Fondo de Cultura Económica organizar entrevistas con el Presidente de México, tiene funciones que tienen que ver estrictamente con la edición de libros, con la promoción de los libros, con la importación y exportación de libros.”

Por su parte, Leo Zuckermann coincidió con Silva-Herzog en que el director del FCE no debió participar como moderador de ese foro, además de que, debido al formato, la transmisión se vio muy acartonada, pues no se permitió que hubiera contrarréplicas.

¿Subsidiar o no subsidiar?

Zuckermann afirmó que este tipo de debates deben existir, pues enriquecen la democracia; sin embargo, cuestionó hasta dónde el Estado debe intervenir en la política cultural.

"Yo creo que cuando Daniel Cosío Villegas fundó el Fondo (de Cultura Económica) como un fideicomiso en el año 34, sí se justificaba, porque había una carencia de soluciones de mercado para los textos tanto académicos como culturales en el año 34; creo que en el 2014 eso ha cambiado muchísimo, y creo que el mercado ofrece soluciones que ya no justifican el subsidio del Estado e incluso de hasta una editorial del Estado.

“Han cambiado mucho las condiciones, creo que ahora hay soluciones de mercado que permiten la publicación de todo tipo de libros y no veo por qué tiene el Estado que seguir editando, publicando, vendiendo, haciendo marketing, etcétera, de libros.”

Por su parte, Silva-Herzog recordó que el FCE fue creado para que la población tuviera acceso a textos especializados que no se habían editado en español y que, por lo mismo, resultaban costosos, y “esa función original no tiene nada que ver con la gama amplísima de textos que publica el Fondo de Cultura Económica”.

En ese sentido, Zuckermann destacó que la creación de sitios de internet como Amazon, que ofrece la venta electrónica de libros, transformó el mercado de manera importante, pero lamentó que hoy en día la concentración del formato tradicional se esté dando en unas cuantas editoriales.

“Las editoriales, sobre todo medianas, han sido comidas, absorbidas, adquiridas por las grandes editoriales por un proceso de economías de escala y de globalización, eso lo hemos visto, es indudable, han desaparecido, ni siquiera han desaparecido porque dejan los sellos.”

Los beneficiarios

Mencionó que este fenómeno ha dado paso a la creación de editoriales de nicho, que en muchas ocasiones ofrecen los libros a precios elevados, y aunque el FCE los ofrece a precios accesibles gracias al subsidio del Estado, finalmente las clases medias y altas son las más beneficiadas porque este sector es el que lee más “y el argumento de quien se ve más beneficiado son las clases medias y ricas aplica en casi todas las actividades culturales de México”.

Silva-Herzog consideró que el FCE juega un papel fundamental en la difusión editorial y cultural del país por el prestigio y la historia con la que cuenta, pues una vez que se publica una obra, se incorpora a un catálogo y “está dentro de una propuesta que tiene congruencia para los lectores y yo creo que eso es relevante”.

No obstante, coincidió con Leo Zuckermann en que la figura del subsidio en el ámbito cultural beneficia en mayor medida a las clases media y alta.

“A mí me parece que la misma definición del tema con la palabra subsidio implica ya una condena muy ideológica; en el momento en que se dice el subsidio está abriéndose una categoría de personas que son los mantenidos por el Estado.

“Yo creo que es una inversión que tiene que ver con la cultura y yo creo que es paralelo a la inversión que debe hacerse en la ciencia, y es que estas inversiones tienen como beneficiario no al que está comprando un libro del Fondo de Cultura Económica, que no son particularmente baratos tampoco, sino que tiene que ver con la formación de bienes públicos.”

Dijo que en el caso de los editores ilustrados, autónomos, pueden contribuir con el bien público, mientras que las instituciones del Estado son dirigidas por funcionarios o políticos que no tienen una formación cultural suficiente.

Reconoció que no toda la selección de libros del FCE ha sido acertada, pues por ser una institución del Estado su política “ha sido dispareja, tiene muchos méritos y tiene muchas otras cosas que son cuestionables”.

Aseveró que en sexenios anteriores, el FCE sólo sirvió como “obsequios al jefe. En el gobierno de Salinas (se publicó) una serie de libros sobre la modernización mexicana; en fin, todas estas cosas que hay que ubicar como grandes errores en la tradición de esa casa editorial”.

Mencionó que en el caso de su actual director José Carreño Carlón, el error que cometió al organizar el foro con el presidente Peña y fungir como moderador no fue editorial, sino en términos de la misión institucional.

Zuckermann afirmó que en los últimos diez años el FCE no ha publicado una obra que haya provocado un gran debate y consideró que ya es posible, desde el punto de vista técnico, que un escritor autopublique su obra sin que haya una editorial de por medio.

“Por ejemplo, muchos académicos ya no están pasando por el terrible filtro de la dictaminación para los journals, para las revistas académicas, sino que están subiendo directamente a sus sitios de internet sus artículos, y quien me quiera leer que me lea, quien no me quiera leer que no me lea, yo no necesito pasar por ese filtro.”

Al respecto, Silva-Herzog opinó que este esquema no fomenta la lectura, pues “a mí me parece que no hay cultura sin editor, de la misma manera que no hay música sino hay la capacidad de seleccionar lo que corresponde a un sello, a una sala, a un auditorio. Todos esos criterios selectivos que desde una perspectiva populista son antidemocráticos, son vitales para la salud de la vida cultural”.

Desgracia cultural

Opinó que si en un momento dado desapareciera el FCE sería una desgracia cultural. “Desaparece una voz valiosa dentro del concierto editorial mexicano.”

Consideró que el FCE debe revisar su política editorial y ponderar con mayor rigor lo que merece ser publicado y lo que no; sin embargo, insistió que la desaparición de una institución de ese tipo sería muy lamentable para la cultura en idioma español.

Pero también reconoció que los gobiernos han utilizado el FCE para editar libros personales que se convierten en obsequios personales de parte de secretarios que buscan lucirse con sus amistades con ediciones lujosas y bien ilustradas.

“Hay una situación muy caótica, con un dispendio terrible de recursos, y hasta diría con una promoción de la mala cultura del libro, este asunto del libro de exhibición, el libro de obsequio que no tiene nada que ver con la lectura, sino que es simplemente un objeto para apantallar a la persona a quien se lo regalan en Navidad.”

Reconoció que debido a que el mercado editorial es muy competido, la selección que hacen las casas editoriales para publicar una obra es estricta, no sólo para los nuevos autores, sino para los ya conocidos.

“¿Hay alguna editorial que se le haya ocurrido —sea de nicho o cualquier otra— editar las obras completas de Alfonso Reyes? Yo creo que no.”

En este punto, Zuckermann mencionó que es posible llevarlo a cabo gracias al internet, y consideró que el FCE debería difundir de esa manera su acervo histórico sin costo para el público, pues muchas de las obras incluso ya perdieron sus derechos.

Dijo que no sería inapropiado que el Estado cediera el ámbito cultural a las fuerzas del mercado: “Sigo convencido que si mañana desapareciera el FCE, subiendo el catálogo a internet, no pasaría mucho que digamos, pero si me dicen vamos a dejar la ópera a las fuerzas del mercado, no veo muchos empresarios dispuestos a poner óperas en México”.

Asimismo, cuestionó que el gobierno tenga que subsidiar la cultura: “La pregunta es por qué tenemos que subsidiar los contribuyentes a la publicación y venta de libros”.

Dijo que esto es tan reprobable como el hecho de que se esté dando subsidio a los medios de comunicación a través de información pagada o desplegados.

Mencionó que también sería conveniente conocer cuánto gasta el Estado mexicano en publicaciones y dónde están.

Consideró que si el FCE se convirtiera en un órgano autónomo del Estado, finalmente se convertiría en una simulación. “Hay una falla estructural del editor del Estado, al ser del Estado, que puede acabar siendo capturado por el gobierno en turno.”

Respecto a este tema, Silva- Herzog consideró que no es necesario producir órganos como el IFE o el INE por todos lados “a mí me parece que hay una referencia muy concreta que es lo que dice el estatuto orgánico, haz libros”.

Asimismo, dijo que se debe cuidar a una institución pública que ha hecho más bien que mal, en lugar de pensar en desaparecerla o verla como un elefante blanco.

Temas: