Rebelión en el partido de Merkel

La canciller alemana es cuestionada en el interior de su formación política por su apoyo a los musulmanes

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BERLÍN, 2 de febrero.- La canciller alemana, Angela Merkel, es una política que pocas veces revela a sus compatriotas la intimidad de sus pensamientos y una de sus virtudes que le ha permitido permanecer en el poder desde 2005, es no prometer jamás algo que no puede cumplir, una lección que aprendió de sus dos antecesores en el cargo, el legendario Helmut Kohl y el socialdemócrata, Gerhard Schröder. Pero Merkel, también es capaz de cambiar radicalmente sus ideas o posiciones, cuando la actualidad le obliga a ello.

Así ocurrió, por ejemplo, cuando la canciller sorprendió a sus seguidores y rivales al anunciar, en un lejano mes de marzo de 2011, que su gobierno legislaría para poner fin a las centrales nucleares que abastecen de energía eléctrica al país, una medida que había sido aprobada por el gobierno de Schröder y que ella misma dejó sin efecto cuando llego al poder.

Pero las leyes de la naturaleza que rigen la vida de los personajes públicos son tan imprevistas,  que tienen la magia de hacer cambiar de opinión a un político en menos de 24 horas y determinar para bien o para mal su futuro, como fue el caso de la mujer más poderosa de Europa.

El 11 de marzo de 2011 fue un día extraordinario para el mundo y para la canciller Merkel. Ese día, una vasta región de Japón fue azotada por un sismo de 9.0 grados en la escala de Richter y un tsunami acabó con la vida de miles de personas, causó destrozos en decenas de ciudades, pueblos y provocó la más reciente tragedia nuclear en Fukushima

Ese día, Angela Merkel se levantó como apasionada defensora de la energía nuclear y se acostó en la noche de ese mismo día, como la principal abanderada del movimiento ecologista de su país, una metamorfosis radical que dañó su credibilidad como política y que provocó también una extraordinaria parálisis en el gobierno, que hizo creer, a más de un comentarista, que la canciller carecía de una brújula eficaz que le ayudara a encontrar el rumbo para recuperar la autoridad pérdida en ese día aciago para el mundo y para ella.

A partir de ese momento, la autoridad y credibilidad de Merkel, quedaron hechas trizas. Más de 80 por ciento de los alemanes admitieron que el giro de Merkel en su política energética no “era creíble”, peor aún, la moratoria y la posibilidad de cerrar siete plantas nucleares convirtieron al lobby nuclear del país en un enemigo declarado del gobierno.

Casi cinco años más tarde y después de quedar confrontada a la matanza de los periodistas del semanario satírico Charlie Hebdo, Merkel tomó nuevamente una decisión radical que emocionó a un amplio sector de la población, fue aplaudida por sus críticos y encontró un amplio apoyo entre los partidos de oposición. Durante una rueda de prensa conjunta con el primer ministro turco, Ahmet Devatoglu, que tuvo lugar cinco días después del atentado en París. Merkel hizo suyas las palabras  pronunciadas hace cuatro años por el expresidente de Alemania, Christian Wulff quien afirmó, en el marco de las celebraciones de la unificación alemana que el Islam, junto al cristianismo y el judaísmo era “también parte de Alemania”.

“El expresidente Wulff dijo que el Islam pertenece a Alemania. Es así y esa opinión yo la comparto”, dijo la canciller en un gesto destinado a impedir una fractura definitiva entre la sociedad germana y la comunidad musulmana que vive en el país, unas cuatro millones de personas. “Yo soy la canciller de todos los alemanes. Esto incluye a los que viven aquí, sin importar su origen”, añadió.

El gesto de solidaridad de Merkel asombró a la familia política germana, que aún recuerda una intervención de la canciller pocos días después del famoso discurso de Wulff, en el marco de una reunión con las juventudes de su partido, la canciller anunció que la sociedad multicultural en Alemania había fracasado totalmente.

Más de 80% de los alemanes admitieron que el giro de Merkel en su política energética no era creíble.

Al igual como lo hizo después de la tragedia de Fukushima, Merkel cambió radicalmente de posición con respecto a la comunidad musulmana después de la matanza de París, una decisión que volvió a cobrar actualidad el 15 de enero pasado, cuando reiteró su interesada solidaridad ante el Parlamento Federal. “No vamos a dejarnos dividir por quienes desean tender una amenaza generalizada sobre todos los musulmanes. La inmensa mayoría de los musulmanes vive en forma pacífica y respeta la Constitución y las leyes”, reiteró.

Pero el gesto de solidaridad de Merkel hacia sus compatriotas musulmanes encontró una feroz resistencia en el seno de su propio partido, la Unión Cristiano-Demócrata (CDU), donde varios líderes destacados han expresado públicamente su rechazo a las declaraciones de la jefa del partido. El más destacado y peligroso es Volker Kauder, el poderoso jefe del grupo parlamentario democratacristiano, un político que en el rango de importancia en la CDU, ocupa el segundo lugar después de la propia canciller Merkel.

Durante una reunión con funcionarios del Ministerio del Interior y todos militantes de la CDU, Kauder expresó su disgusto con la posición de Merkel y añadió que los musulmanes pertenecían a Alemania, pero que el Islam no era una fuerza cultural que tuviera influencia en el país. “La frase ‘el Islam pertenece a Alemania’ es rechazada por dos tercios del grupo parlamentario”, añadió la diputada Erika Steinbach. “El partido entiende que los musulmanes pertenecen a Alemania, pero no su religión”, añadió.

Kauder se confronta a la canciller”, señaló el periódico Die Welt, al hacer eco de la peligrosa revuelta interna que nació en el seno de la CDU a causa del interesado gesto de la canciller, que tiene claro que la convivencia pacífica religiosa en su país es el mejor antídoto contra el peligro que representa el fundamentalismo islámico. Pero importantes dirigentes de su partido piensan diferente y, ante el temor de perder parte de su clientela electoral, han decidido enfrentarse a la líder del partido.

Peor aún, Jens Spahn, un miembro de la dirección nacional de la CDU, se mostró a favor de buscar un diálogo con Pegida, el movimiento xenófobo que nació en Dresde y que desea cerrar la puerta del país a la llegada de inmigrantes y refugiados políticos, en especial a los que vienen de África y los países árabes, ante el peligro de que el país se someta a una peligrosa islamización.

En su mensaje de Año Nuevo, la canciller pidió a la población que se mantuviera alejada de las protestas sobre la supuesta islamización de Occidente y que nacieron a fines de octubre en Dresde. “Les pido que no sigan a quienes convocan estas manifestaciones ya que a menudo sus corazones albergan prejuicios, frialdad, incluso odios”, dijo.

Pero el mensaje de la canciller fue ignorado por Jens Spahn, quien  se mostró a favor de buscar un diálogo con los líderes de Pegida para evitar que el movimiento les arrebate electores en el estado de Sajonia, donde la CDU ha gobernado en los últimos 24 años, una idea que también comparte la dirigencia regional del partido en Sajonia.

¿Angela Merkel, la más reciente víctima de la matanza de París? Aún está por verse, pero el riesgo político que adoptó la canciller es considerable y todavía nadie se atreve a pronosticar el precio que ella pagará en el seno de su partido, su interesada solidaridad con la comunidad musulmana, un sector de la sociedad que aún tiene dificultades para integrarse y que nunca ha sido un tema político para su propio partido.

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