Héctor Aguilar Camín: Entre el análisis crítico y la vocación literaria

El historiador, que acaba de publicar La dictadura germinal, prepara una novela inspirada en un enigma de Martín Luis Guzmán

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Héctor Aguilar Camín.

“La literatura es mi consuelo nocturno”, admite el historiador y novelista Héctor Aguilar Camín (1946). A sus 79 años, admite que ha perdido “todo optimismo con la cosa pública y de que mi trabajo como analista político crítico pueda hacer una diferencia”.

Por esta razón, quien acaba de publicar La dictadura germinal (Debate), el “diario de la destrucción de la joven democracia mexicana”, prepara su nueva novela histórica, género que no explora desde 2016.

En entrevista explica que su nueva obra de ficción es el seguimiento de un enigma muy sencillo. “¿Por qué el escritor Martín Luis Guzmán (1887-1976), que salió huyendo del caudillo Francisco Villa, porque éste lo iba a matar, se convirtió en el apóstol de la figura de Villa y en su constructor como el revolucionario más importante del siglo XX mexicano? ¿Por qué consagró al hombre del que huyó para que no lo matara?”.

Señala que éste es el regreso a viejos asuntos que le interesaban, aunque aclara que es importante mantener una zona crítica. “Pero lo hago sin ninguna ilusión, como haciendo la anatomía de la tumba del México que hubiera querido ver”.

El periodista confiesa que “tenía la esperanza de que vería un México próspero, equitativo y democrático. Ahora no estoy seguro de verlo y tengo serias dudas de que lo vayan a ver mis hijos; a lo mejor mis nietos”, afirma tajante.

Advierte que la fuerza que ha adquirido el poder político sobre la economía y la realidad social está destruyendo la democracia. “Nunca había visto en vivo esa energía política autónoma para transformar las cosas pase lo que pase, sin que haya rendición de cuentas o una verdadera promesa de futuro”, señala.

Dice que esta experiencia específica es lo que le dio cuerpo a su libro. “La historia está contada decisión por decisión, día por día, semana por semana, asombro tras asombro.

La deslealtad democrática del carisma político ha sido lo más dañino. El ejemplo claro es el presidente estadunidense Donald Trump”.

El autor de Morir en el golfo y La guerra de Galio considera que “las instituciones sólo pueden ser fuertes si hay un respeto implícito por ellas. Si no hay respeto de los actores por la democracia o por la ley, no hay defensa.

La democracia necesita demócratas. No resiste los embates de líderes carismáticos que no creen en ella. Si hay deslealtad, si no se respetan sus reglas, si sólo se busca el beneficio del político, no hay manera de contenerlo. Lo vemos con Trump. El presidente en realidad está absuelto de cualquier responsabilidad por violar la ley”, agrega.

Lamenta que, a raíz de las reformas a las constituciones, “todas las condiciones para implementar una dictadura están sembradas en las leyes. Falta ver cuántas de estas semillas en realidad van a germinar. En ese momento estamos.

Pero para instaurar una dictadura se necesita un Estado fuerte. Nosotros tenemos un Estado débil, pobre, con baja calidad administrativa y una clase política inexperta. No veo que sean capaces de traer a la realidad esa dictadura germinal. Dependemos de su eficacia. El cambio tiene que venir del desencanto de los votantes mexicanos”, concluye.

A la pregunta de cómo viviría su personaje Galio este momento histórico, responde: “Lo viviría mejor que yo. Podría dedicarse simplemente a embriagarse y olvidarse. Yo no puedo hacer ninguna de las dos cosas”.

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