De la Patagonia a Alaska en bus

El proyecto Amunches pretende recorrer el continente para conocer de cerca sus culturas y difundirlas

De la Patagonia a Alaska en bus
De la Patagonia a Alaska en bus

CIUDAD DE MÉXICO.

“Necesito el movimiento para vivir alerta, para ser creativa”, afirma tajante Patricia Fehr tras casi 17 años de haber recorrido más de 20 países e incontables pueblos originarios, desde Argentina hasta Alaska, con su esposo Germán de Córdova y su hija Inti, en un autobús escolar que han adaptado como casa.

Los “Amunches” –que significa viajeros en lengua Mapuche, aborígenes de la Patagonia– es el nombre del proyecto que inició el 10 de marzo de 2003 “con el sueño de recorrer el continente para conocer de cerca sus culturas” y, posteriormente, compartir estos saberes, tradiciones y artesanías con los ciudadanos en general.

La maestra especializada en Educación de Adultos cuenta en entrevista con Excélsior que salieron de su ciudad natal, San Nicolás, ubicada al norte de Buenos Aires, en una camioneta pequeña y con una maleta, comida y las cosas indispensables para un año; pero tardaron cinco años y medio en llegar a Alaska.

En el trayecto nació Inti y decidimos tener una casa rodante. Hemos recorrido Estados Unidos y ahora ya llevamos tres años en México. Me convertí en fotógrafa y llegamos a los festivales de música, ferias del libro y de arte y encuentros culturales a exhibir pequeñas exposiciones, ofrecer conferencias y talleres y presentar nuestro libro Amunches bajo un nuevo sol”, explica.

Yo necesito el movimiento constante. Es una terapia. La rutina me pone en una situación neutra. El viaje es una medicina. No es la única. Cada uno debe encontrar su propia medicina y su centro o equilibrio. Me hace bien el movimiento. Estamos aprendiendo en familia. Después, no sabemos qué pasará”, agrega.

La promotora cultural destaca que el cambio es una constante, sobre todo en América Latina. “Ahora, con la globalización, los americanos nos conocemos; pero no se llega a la profundidad de las cosas, hasta que lo vives en carne propia. Si algo me enseñó el viaje fue a no tener prejuicios. Al principio, los bolivianos nos decían que tuviéramos cuidado con los peruanos y éstos nos pedían cuidarnos de los ecuatorianos. Era lo mismo a donde llegábamos.

Creemos que la gente es fundamentalmente buena y necesita oportunidades para lograr sus sueños. Y todos debemos ayudar a los otros a que cumplan sus metas. Tenemos que ser hermanos, aunque estemos lejos, de eso debemos tener conciencia. Debemos abrir el corazón y experimentar. No temer a los otros, a los migrantes, por ejemplo”, añade.

Patricia Fehr confiesa que incluso en Estados Unidos les advertían que era peligroso cruzar México, que se saltaran este país. “Pero lo queríamos conocer. Cuando subimos a Alaska pasamos muy rápido por aquí. Sólo estuvimos tres meses en Chiapas. Nos quedamos con ganas de descubrir más.

Y realmente nos ha sorprendido. Es un México con muchos mundos adentro, con tantas formas de hablar, de comer, los colores, los climas.  Hay cambios que se están dando que requieren de la consciencia de cada uno. Me ha gustado tanto, que ya me siento mexicana”, subraya.

La familia De Córdova-Fher lleva 17 años viajando para dar a conocer y compartir las culturas originarias de los sitios que visitan, sus costumbres y artesanías. Fotos: Virginia Bautista

LA PREGUNTA INICIAL

Fehr recuerda que, antes de emprender este viaje, trabajó muchos años de maestra en una zona periférica de su San Nicolás natal con niños marginados, cuyas familias llegaban del interior.

Me preguntaba qué los hacía dejar sus lugares de origen y venir a vivir en la pobreza, cuando tal vez eran agricultores y tenían su casa y sus animales. Esto me iba despertando la curiosidad de conocer”, asegura.

Narra que se dio cuenta de la importancia de cambiar tu destino, de no conformarte y quedarte en un lugar. “Salimos de Argentina en una camioneta chica y, después del nacimiento de Inti en 2008 en España, decidimos vender la camioneta y comprar el autobús escolar para transformarlo en nuestra casa. Lo construimos con el sentido de tener un hogar. Seguimos siendo niños por dentro, pero ya somos grandes y necesitábamos una casa. Lo rescatamos de un lugar donde se estaba oxidando y tiene la energía de muchos niños adentro. Damos también conferencias en escuelas y el autobús encaja bien”, agrega.

Señala que han hecho sólo un viaje de Argentina a Alaska y que se van quedando el tiempo que consideran necesario en cada nación. “Hay países que requieren visa, pero la mayoría de los latinoamericanos no. Cuando se requiere la tramitamos, es temporal. Aunque no creemos en las fronteras, hay que cumplir las reglas.

En el caso de México, podemos estar sólo seis meses. Cuando se va a terminar el plazo, tratamos de estar cerca de una frontera para salir y regresar, renovando así el tiempo de estadía”, dice.

La familia De Córdova estuvo recientemente en las ferias internacionales del libro de Monterrey y de Guadalajara, donde generan recursos a través de la venta de su libro, artesanías que ellos compran a los indígenas durante sus recorridos, fotografías y talleres que imparten. Les ha ido bien, la gente se interesa en su proyecto, añade.

Por lo pronto, planean seguir visitando las comunidades indígenas mexicanas. “Nos falta conocer algunos estados, como Veracruz, Oaxaca, la Ciudad de México y entidades del centro del país. Hay muchas cosas interesantes qué ver. No tenemos prisa”.

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